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Jueves, 14 de Noviembre de 2019

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#MeQueer: seis historias de discriminación

Juan, Agurtzane, Miguel, Alicia, Doro  y Ricardo tienen algo en común. Los seis han abierto su cuenta de Twitter y han decidido contar situaciones de acoso, discriminación y vergüenza por su condición sexual

Juan tenía diez años cuando fue a recoger el revelado de unas fotos. Abrió el sobre y vio una que le dejó tocado. Era él, sonriente, un niño feliz pero no le gustó "el amaneramiento". Esa foto estuvo a la sombra de un cajón durante casi veinte años. En una mudanza apareció y decidió que esa imagen de ese chaval merecía ahora un lugar destacado en su salón. Fue su manera de "devolverle la dignidad y el cariño" al chico de esa foto. Lo merecía.

Doro era un poco más mayor cuando escribió en su diario que era gay. Sus padres lo leyeron y la relación pasó a ser de una desconfianza absoluta. Le impidieron jugar con su hermano, que apenas tenía dos años, y empezaron las preguntas. ¿Quería convertirse en una mujer y desfilar en el Orgullo? ¿Tenía pensado terminar como un amigo de la familia que murió por el VIH? ¿Le gustaban los niños? Doro respondió con un 'no' a las tres preguntas.

Agurtzane tiene 21 años. Desde que salió del armario, tiene claro qué mensaje lanza la sociedad: "Que no se note que eres lesbiana". Y eso hizo. Reconoce que intentó "ser femenina" cuando quiso compartir su condición sexual. Tenía que hacer reflexiones sobre cualquier detalle de su aspecto: "Me gustaría cortarme el pelo, pero si me cortaba el pelo pensarían que soy lo que soy. Al final es miedo, constantemente miedo". Esa etapa ya ha quedado atrás.

Miguel acaba de volver de su luna de miel. Él y su marido se han subido al tren en Medina del Campo y han recorrido Europa hasta llegar a Estambul. Que él y su pareja tengan que consultar cómo está el colectivo LGTB antes de ir a un país ya lo dice todo. Cuando recorrieron Francia, Italia o Eslovenia no tuvieron ningún problema. El cambio lo notaron en los Balcanes, en países como Serbia y Macedonia, donde ocultaron su cariño en público. ¿Se plantean no viajar a países donde la homofobia es fuerte? "No, porque sería darles la razón", concluye Miguel.

Alicia también está casada. Tiene 51 años y muchas historias a la espalda. Le dieron una paliza en 1989, por ir con su novia por la calle y aunque fue la experiencia más dura, todavía tiene que soportar todo tipo de comentarios que dejan en evidencia que la lesbofobia está muy extendida. Siempre dan por hecho que si está casada es con un hombre, por ejemplo, pero una de sus últimas situaciones incómodas fue hace poco más de un año. Trabajaba como jardinera y tenía que cambiarse en el vestuario con sus compañeras. Una de ellas decía a sus espaldas "la tortillera se pone las botas cuando nos ve".

Sobreponerse a estos constantes ataques no es fácil. Ricardo aprendió a hacerlo cuando tenía doce años. Llegó a casa con un "maricón" en la espalda. Él no se había dado cuenta, pero su madre le dijo que él nunca tendría que avergonzarse, que el problema lo tenían quienes querían hacerle daño. Ese día lo consiguieron, pero esa lección de su madre le ayudó a encarar con fuerza la adolescencia.

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