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Martes, 15 de Octubre de 2019

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Natalie Portman y lo peor de la generación millennial: violencia y fama

La actriz protagoniza el drama musical 'Vox Lux', de Brady Colbert, sobre la manipulación de las estrellas juveniles, que se ha presentado en el Festival de Cine de Venecia

Si abren un buscador de internet y pone '¿Cómo se fabrica una estrella del Pop?', encontrarán mil tutoriales explicando las pautas que se deben seguir para convertirse en la nueva Britney Spears o Miley Cyrus. En ellos se explica que los modos tradicionales han cambiado. La fama como cantante se encuentra de otras maneras. Un talent show o las redes sociales, por ejemplo.

Como vimos en la última edifición de Operación Triunfo, las discográficas no solo buscan una voz, un estilo, una composición; también un personaje. Una maquinaria que deja al descubierto el actor Brady Colbert en Vox Lux, un drama musical presentado en el Festival de Venecia. Protagonizada por una espléndida Natalie Portman, Vox Lux comienza con un terrible tiroteo en un instituto, donde una de las supervivientes de la tragedia aprovecha para saltar a la fama y convertirse en una estrella del pop en estados unidos.

A partir de ahí asistimos al proceso donde le mánager dirige a la menor siguiendo las instrucciones de las discográficas. Paso por paso del manual de la música entendida para generar millones de dólares y para crear adolescentes famosos, capaces de cualquier cosa por su estrella. De todo eso habla Vox Lux, una cinta interesante, capaz de desnudar a la industria del entretenimiento. Es que hay mucho de estrella de cine en ese personaje histriónico y maleducado que compone Natalie Portman. "Queríamos una película que haga pensar a la gente sobre algunas de las cosas a las que nos enfrentamos en la sociedad de hoy", decía la actriz en Venecia.

"No es exactamente una película que contenga un mensaje, es una pieza de arte más que un retrato. Un reflejo sobre nuestra sociedad y la intersección entre la cultura pop y la violencia". Una relación que va desgranando este filme, que comienza mostrando la banalización de la violencia, para acabar demostrando la banalización de la fama.

El tiroteo está inspirado en la matanza de Columbine de 1999, pero este tipo de sucesos violentos continúan en la América de hoy. "Me interesa cómo la violencia afecta psicológicamente a la gente. Desgraciadamente en nuestro país se están incrementando esos tiroreos. Para nosotros, sentimos que es como un tipo de Guerra Civil", decía la actriz sobre la escena de inicio del filme. "Vivimos en Estados Unidos en una sociedad aterrorizada y me preocupa lo que cada niño puede sentir cuando va al colegio sabiendo que hay tiroteos. Me preocupa que pequeños actos de violencia aislada puedan crear esas situaciones de terror colectivo", añadía.

Un retrato del fin y el inicio del milenio, donde aparece el atentado de las torres gemelas, como símbolo y emblema del cambio de generación. Donde los medios de comunicación como elemento clave para el apogeo del movimiento celebrity. Portman canta las canciones compuestas por SIA para esta historia sobre un juguete roto más, de esos que tanto sabe la industria de Hollywood. Una pop star definida, más que como un monstruo, como una víctima.

En esto coincide con el primer trabajo del director, La infancia de un líder, un drama situado, como ocurre con Vox Lux, entre dos siglos. En aquella película eran los inicios del siglo XX, tras la primera Guerra Mundial. Corbet mostraba las consecuencias de una mala educación: la creación de tiranos dictadores. Ahora en Vox Lux nos hbla de cómo la banalización de la violencia genera destrucción.

De las consecuencias de esa fama creada por los programas de televisión habla, precisamente, otra de las películas presentadas en competición en la Mostra de Venecia. El argentino Gonzalo Tobal disecciona en el thriller Acusada la fascinación de los medios por los sucesos y por los asesinatos. La cinta cuenta cómo el juicio paralelo creado en la televisión e internet alrededor de un caso sonado, donde una adolescente mató, presuntamente, a su amiga durante una fiesta, con vídeo sexual incluido.

Lo que podría haber sido un estudio de la manipulación informativa y su influencia en los jurados populares o en los jueces, donde la justicia patriarcal y machista campa a sus anchas, acaba siendo un thriller convencional, más interesado en jugar con el espectador para que en ningún momento alcance a adivinar si la protagonista es culpable o inocente.

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