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Miércoles, 17 de Julio de 2019

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Artillería pesada y sexual

El editorial de Celia Blanco en 'Contigo Dentro'

En alguna ocasión ya he dicho que no tengo mucho contacto con gente joven. Debería; lo sé. Debería para nutrirnos mutuamente, para quizás enseñarles yo a ellos algo de lo que vamos aprendiendo por aquí y para que esos jóvenes me ilustraran a mí sobre cómo es ahora tener veinte años y estar descubriendo tu propia sexualidad. Tengo la suerte de tener a alguien, muy cerca, con una hija de veinte años, que hoy me ha demostrado hasta qué punto estamos cambiando. La hija estudia en Holanda. Ha dejado en España a toda su familia y a una chica con la que, por primera vez, está explorando lo que es tener una relación estable. "¡No digas que es mi novia!" le ha dicho esta noche a su madre cuando esta ha contado lo valiente que ha sido su hija saliendo de todos los armarios familiares contando que la que creían su amiga, es también la mujer que la hace muy feliz. La conversación me ha parecido tan natural, tan magnífica, que solo horas después soy consciente de cuánto significa.

Quiere decir que las chicas que hace un año presentaban a sus amigos especiales, pueden estar esta noche besando a una mujer sin que a nadie le distorsione. Quiere decir que hay padres que cuando se enteran simplemente preguntan que cuándo van a poder conocer a esa persona especial. Y entonces compruebo con estupor los datos del 7º barómetro del sexo elaborado por la empresa de preservativos Control y vuelvo a la realidad más absoluta. Me entero de que más del 30% de los jóvenes de la edad de la hija de mi amiga usan preservativo sólo ocasionalmente. ¡Es poquísimo! Me entero de que esto ocurre a pesar de que más del 63% tiene sexo al menos una vez a la semana, bastante más que muchos de los padres. Soy consciente de que si hemos avanzado en tolerancia afectiva y entendemos que nuestros hijos tienen su propia orientación sexual, deberíamos también enseñarles a tener la mejor sexualidad posible.

Si más del 86% de los jóvenes de nuestro país está dispuesto a aprender cosas nuevas en la cama, más nos vale que los enseñemos a investigar sin tentar a la suerte. Si avanzamos lentamente en tolerancia en cuanto a orientación sexual, ¿por qué no hacerlo con todas las consecuencias? ¿Por qué no enseñar además a tener mucho más sexo pero a que todo ese sexo sea absolutamente responsable?

Nuestra mejor arma será la educación sexual. Y algunas venimos con la artillería pesada...

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