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Sábado, 21 de Septiembre de 2019

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Boban Jankovic, protagonista de una de las imágenes más trágicas en una cancha de baloncesto

La estrella del Estrella Roja, que destacó tanto por su talento como por su temperamento, se quedó parapléjico después de golpear su cabeza con el soporte de una canasta

Boban Jankovic nació en Lucani en 1963. Medía dos metros y jugaba de alero. Era un alero de la vieja escuela con el tiro y la capacidad de penetrar a canasta como grandes virtudes.

Boban era calidad y carisma a partes iguales. Destacó tanto por su talento como por su temperamento. No daba un balón por perdido, lo protestaba todo y a todos.

Elegido mejor jugador de la Liga de Serbia y Montenegro en 1992, Boban era el mejor del Estrella Roja, un equipo de gran calidad, pero sin títulos. Fueron tres veces segundos en liga y otras tres subcampeones en la Copa. Cayeron primero ante la Cibona de Drazen Petrovic y ante la Jugoplastika de Toni Kukoc después.

Boban, un inconformista y un ganador nato, decidió dejar su tierra natal y emigrar al baloncesto griego en busca del éxito. ¿El equipo elegido? El Panionios, que le ofreció una oferta millonaria y un equipo diseñado para aspirar a todo.

Pero el 28 de abril de 1993 todo eso se acabó. De la manera más tonta y trágica posible. Aquel día el Panionios de Jankovic disputaba el cuarto partido de las semifinales por el título de liga ante el Panathinaikos. De nuevo un partido disputado, de nuevo un final apretado. En ese momento en el que cada balón era vital Jankovic anotó debajo del aro, pero la canasta fue anulada por una falta en ataque más que dudosa. Era la quinta falta y Boban estalló.

En ese momento la ira le ciega y Jankovic golpea con la cabeza el soporte de la canasta. Un soporte que no estaba lo suficientemente acolchado. Fue un cabezazo desgarrador. Un golpe seco. Boban cayó redondo al suelo. Se fracturó la tercera vértebra cervical y se quedó parapléjico. Jamás perdió la esperanza de volver a jugar pero nunca lo consiguió.

"Soy un guerrero, no un mendigo"

Nunca encajó bien ni los homenajes, ni los reconocimientos ni las muestras de cariño inagotables que recibió y a las que siempre respondía con un "soy un guerrero, no un mendigo".

Boban Jankovic siguió ligado al deporte como entrenador de un equipo de baloncesto en silla de ruedas, pero el destino todavía le jugaría otra mala pasada. En 2006, cuando tenía 42 años, sufrió un paro cardíaco terminó con su vida mientras se encontraba en un barco recorriendo las islas griegas. Un final trágico para una vida marcada por un accidente que años después sigue siendo una de las imágenes más trágicas que se han visto nunca en una cancha de baloncesto.

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