Martes, 02 de Marzo de 2021

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La mirada

La máquina de matar

¿Por qué nos impresiona la muerte de Kashoggi más que la de otros miles de ciudadanos del mundo asesinados cada día?

"Dónde está Khashoggi?" dice la pancarta de un activista que partidicó este fin de semana en una protesta contra el asesinato del periodista Jamal Khashoggi

"Dónde está Khashoggi?" dice la pancarta de un activista que partidicó este fin de semana en una protesta contra el asesinato del periodista Jamal Khashoggi / LEAH MILLIS (REUTERS)

Igual hoy Erdogan, el presidente turco, nos da detalles sobre cómo fue asesinado el periodista Jamal Kashoggi en el consulado saudí de Estambul. O igual no lo explica. O a medias. Lo que es seguro es que difícilmente nos horrorizará más de lo que ya estamos.

¿Por qué nos impresiona la muerte de Kashoggi más que la de otros miles de ciudadanos del mundo asesinados cada día?

Porque no es alguien anónimo, tan digno de compasión como él, pero carente de perfil público, esa crueldad añadida. Porque tiene carnet de identidad. Porque era un miembro de la misma clase dirigente saudí que le ha liquidado, pariente del traficante de armas Adnan Kashoggi, una antigua “celebrity” de Marbella. Porque colaboraba nada menos que con el 'The Washington Post', no con un periódico local. Porque el acérrimo enemigo del periodismo de calidad, Donald Trump, no ha tenido más remedio que interesarse por él.

Hay más razones. Tienen que ver no con el personaje, sino sobre cómo ha sido liquidado. Acababa de dejar a su novia en la puerta del consulado. Estaba enamorado, iba a pedir los papeles para casarse. Iba a cumplir las reglas. Las reglas del régimen que por otra parte legítimamente criticaba. Iba a pedir los documentos al Estado que pronto le fulminaría, violando todas las reglas. Le torturaron, le hicieron trizas. Cuando aún estaba consciente, le rebanaban los dedos. O según una versión oficial más suave, le asfixiaban por error. Que “no volverá a ocurrir”, dice el ministro saudí de Exteriores. Estremecedor.

El asesinato de Kashoggi nos estremece sobre todo porque une lo peor de la pena de muerte pública (la frialdad calculada, el automatismo de la máquina de matar) con el salvajismo del peor terrorismo privado. Nos estremece porque (salvo improbabilísimas pruebas en contrario), se juntan Estado y terrorismo. Porque todo apunta al más vil terrorismo de Estado.

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