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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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¡Excelsior!

Julián Clemente, el editor de Marvel en España, analiza la figura de Stan Lee en el día en el que el creador de Spiderman ha fallecido a los 95 años

Fotografía de archivo del 30 de abril de 2008 del creador de los tiras cómicas de Marvel, Stan Lee / ()

Nunca conocí al hombre que cambió mi vida. Teníamos que vernos en una convención esa misma tarde. Tuve que volver al hotel y regresé, todavía con tiempo, pero se había ido. "Tiene problemas de salud, ha tenido que cancelar", me dijeron. Hace veinticinco años de eso.

Stan Lee fue Don Draper antes de que existiera Don Draper. Perdón, quiso ser Don Draper, porque, aunque Marvel Comics estaba en Madison Avenue, los tipos a los que admiraban eran los publicistas, los editores de magazines, los hombres de negocios, pero no los que llevaban una pequeña editorial que a nadie importaba y publicaba cosas para críos. Cuenta la leyenda que, después de dos décadas allí, iba a tirar la toalla, pero que su mujer Joan le convenció de que había llegado el momento, con casi cuarenta años, de escribir lo que de verdad le apeteciera. Y todo cambió. Tuvo la enorme inteligencia de rodearse del talento de titanes, Jack Kirby, Steve Ditko, John Romita, John Buscema, que tomaban sus ideas y las traducían en dibujos, y a veces mucho más que eso. La creación de Los 4 Fantásticos, Thor, Spiderman o La Patrulla-X la comparte con ellos, pero el impulso energético que los unía a todos, el cemento con el que se construyó La Casa de las Ideas, lo colocó él durante aquella primera década brillante, que hizo posible las que han venido después.

Ahora Marvel es espectáculo y épica de lo imposible, pero en los sesenta representaba una mirada de sofisticación hacia un género, el de los superhéroes, que, con él, dejó de estar destinado sólo a los niños. Los tebeos escritos por Stan Lee se devoraban en las universidades, mientras las revistas de tendencias señalaban su figura como la de uno de los símbolos de la cultura popular. Para los chavales de entonces, para los que aprendimos a leer con sus cómics y queríamos ser Peter Parker, Stan era un mito; para los chavales de ahora, ésos que buscan su inevitable cameo en el blockbuster Marvel del momento, también lo es. Qué prodigio, el que Stan haya conseguido concitar a generaciones tan distantes entre ellas. Ha muerto con 95 años. Y me siento triste, y sé, ahora más que nunca, que nunca le conoceré, aunque, detrás de sus chascarrillos, sus diálogos ingeniosos, su desmemoria, su entusiasmo y sus exclamaciones de "¡Excelsior!" he creído entrever a un hombre que no ha llegado a creerse cuán lejos ha llegado con eso de escribir sobre lo que realmente le apetecía. Echando un vistazo a su legado, no se me ocurre una vida más plena.

Julián Clemente (@JulianEme) es el editor de Marvel en España.

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