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Sábado, 20 de Julio de 2019

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Se dispara la crispación

Josep Ramoneda analiza el ambiente de crispación que la derecha ha instalado en la política española desde la moción de censura, los datos del CIS catalán, las declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal y la imputación de Dani Mateo

La crispación se ha disparado desde la moción de censura. La derecha cuando pierde, a menudo pierde también las formas. Basta recordar la oleada de agresividad que se desencadenó contra Zapatero, que les ganó, cuando no lo esperaban, con la ayuda de la lamentable gestión que Aznar hizo del atentado del 11-M. Con la tutela del impasible Rajoy, la crispación alcanzó entonces límites insólitos: incluso en la lucha antiterrorista, que se usó sin contemplaciones contra Zapatero, rompiendo así la tradicional unidad de los demócratas. Y se desplegó además la feroz campaña contra el Estatuto de Cataluña, cuyas consecuencias todavía estamos pagando.

El CIS catalán confirma lo que ya sabemos desde hace tiempo: que el independentismo catalán sigue ahí, estabilizado en torno al 47 por ciento de los votos y que, por tanto, el sueño de la unilateralidad esta fuera de su alcance, al tiempo que en democracia no se puede negar la palabra ni el reconocimiento a un movimiento que representa a más de dos millones de personas. Y ya vendría siendo hora que se aceptara esta tozuda realidad y se sentaran todas a buscar salidas políticas razonables. Ni con amenazas, ni con sentencias judiciales, se resolverá este problema. Lo sabemos todos, pero nadie osa dar los pasos adecuados. Probablemente sea un síntoma de déficit de autoridad moral y autoestima a ambos lados.

Vuelve Celtiberia show. La Iglesia no solo impide que las mujeres puedan ser curas, sino que exige que estos sean “enteramente varones, por lo tanto, heterosexuales”. Y poco después Luis Argüello, autor de este singular concepto de la baronía, se disculpa y precisa que los homosexuales son enteramente varones. Por tanto, entiendo, susceptibles de ser curas. ¿O tampoco? La Iglesia lleva un lío en materia de género que no se aclara.

Dani Mateo imputado por sonarse con la bandera. Es un éxito del insólito endurecimiento del Código Penal en los últimos años con leyes mordaza, delitos de odio y otros artefactos profundamente antidemocráticos. Realmente cuesta entender que, a pesar de las advertencias de Europa, aún haya jueces que creen que en este país no se puede hacer burla de determinados símbolos colectivos, cuando precisamente poder burlarse de ellos es la mejor garantía de que la libertad de expresión existe, como nos han enseñado los americanos.

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