Lunes, 14 de Octubre de 2019

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Pasión contra razón: la dualidad del fútbol argentino (y del River-Boca)

Periodistas y aficionados argentinos analizan la realidad del fútbol y su relación con la sociedad del país

Aficionados en las inmediaciones del Bernabéu / ()

“Somos una sociedad apasionada, para bien y para mal. El fútbol en Argentina tiene su lado pasional, tiene su lado racional también…” La pasión contra la razón. Esa dualidad que lo impregna todo en Argentina, como recuerda el corresponsal de ESPN Ariel Ortiz y que hace del fútbol allí algo distinto al 11 contra 11.

Esa pasión que lleva a un aficionado a recorrer miles de kilómetros. “Es lo que te hace venir y cruzarte un océano para ver un partido” explica un hincha de Boca que pasea cerca de la Puerta del Sol. Aunque no tenga ni donde dormir, como Tomás, otro joven aficionado, estudiante en Berlín, que espera a la puerta del hotel del equipo entrenado por Marcelo Gallardo. “Salió lo de la final y dije ‘me voy’. Saqué entrada, saqué pasaje, sin hospedaje y sin nada”. O aunque los colores puedan suponer casi una crisis de pareja, como le pasa a la mujer de otro aficionado de Boca que acompaña a su marido: “Sí, lo pincho un poco porque yo soy del contrario…” comenta entre carcajadas. 

Porque en esta ecuación, River y Boca, representan,señala Sergio Robles del Canal 7, dos factores complementarios:“el hincha de Boca va a la cancha y celebra que su equipo gane pero lo primero que pregunta es cómo salió River. Y del otro lado pasa lo mismo”. Dos factores de cuya resolución depende también parte del bienestar de esa sociedad. “Hay como una vía de escape a quizás sacarse de encima por lo menos por 90 minutos o por un día o dos, según el resultado algunos de los problemas que está viviendo nuestra sociedad". 

Pero en esa disputa entre cerebro y corazón, a veces se introducen elementos que nada tienen que ver con la pasión. “En Argentina los barras bravas son grupos con contacto con dirigentes, políticos y demás. Y con el verso de la pasión, porque esos tipos no quieren a los grupos…”señala Ortiz. Ni con la razón: “También la política se ha metido mucho en el fútbol y eso le ha hecho mucho daño al deporte” sentencia Cortese. Y ponen en peligro la idiosincrasia de una nación que no se imagina sin fútbol: “No sé si sería mejor o peor, si me lo preguntas a mí que soy bien futbolero creo que sería peor, pero sí, sería otro país”.

De momento, las calles de Madrid están descubriendo este fin de semana una realidad sentimental:“es un equipo que descendió, que no llega a los talones de Boca, son diferentes culturalmente a nosotros” proclama una pareja de amigos. Realidad de doble cara: “No quieren jugar con River porque saben que les vamos a ganar porque tenemos buen futbol” reivindica otro grupo del equipo contrario que espera con las maletas en el centro de Madrid. Y que pase lo que pase esta noche seguirá dirimiéndose en un país, donde, como escribía Eduardo Galeano, el fútbol es la única religión que no tiene ateos.

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