Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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El dietario de Ramoneda

Amenazas y querellas, el grado cero de la política

Josep Ramoneda analiza la actitud irresponsable de la derecha con respecto al conflicto catalán y los intentos de Sánchez de destensar la situación, el uso demagógico del crimen de Laura Luelmo por parte de Pablo Casado y el debate nacional planteado por Macron

¿Quién da más? Arrimadas anuncia en el parlamento catalán una querella contra Torra por los incidentes que habrá el próximo viernes, es decir, por algo que todavía no ha ocurrido. ¿Pronóstico o deseo? Simplemente, ruido. Por la misma hora Pablo Casado acusaba a Torra de buscar un “baño de sangre”. Amenazas y querellas, este es el grado cero de la política, en el que se ha situado la derecha. Y cuando un dirigente político no es capaz de afrontar políticamente un problema político está degradando su función. Una vez más ha sido Pablo Iglesias el que ha dicho lo evidente: “Lo de Cataluña no se va a resolver a palos y todo el mundo tiene que arrimar el hombro”. El presidente Sánchez lo sabe y, a su modo, lo intenta. Poco a poco va calando en sectores significativos del independentismo. E incluso Sánchez puede salvar el presupuesto. Pero la derecha, como ha dicho el propio presidente, sigue en el “a por ellos”. Lo suyo es transferir las responsabilidades de la política a la justicia, al modo Rajoy, pero con infantiles alardes de prepotencia. Lamentable dejación de responsabilidades.

Como era previsible, Pablo Casado, en el parlamento, ha querido buscar rédito político al asesinato de Laura Luelmo, con acusaciones al gobierno y centrándose exclusivamente en cuestiones penales. Esta vez ha sido la diputada Iona Belarra de Podemos, quien ha puesto las cosas en su sitio. “No necesitamos ni pistolas ni prisión permanente revisable, lo que necesitamos son políticas públicas antes de que nos maten”. En medio del ruido, es de agradecer que en el parlamento queden voces para recordar lo evidente.

Macron convoca a los franceses a un gran debate nacional en torno a cuatro temas: transición ecológica, fiscalidad, servicios públicos y ciudadanía, que tiene que culminar con un referéndum. Lamentablemente aquí no hay espacio para una agenda de este tipo, que es la que permitiría dar un nuevo impulso a las instituciones. Y acortar distancias con los ciudadanos. Aquí solo cuenta la confrontación identitaria y la justicia, condenada a un protagonismo que no le beneficia ni a ella, ni a la política, ni al país.

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