Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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El dietario de Ramoneda

Algo ha cambiado

Josep Ramoneda analiza el desarrollo del Consejo de Ministros en Barcelona en un 21-D que ha dejado menos dramatismo del anunciado y sí algunos avances hacia la distensión, a pesar de las descalificaciones de la derecha

El 21-D ha pasado con menos dramatismo del anunciado. Los interesados augures de la catástrofe se han quedado sin sangre. Y, en cambio, para su indignación, se ha visto cómo se abría una vía política para encauzar el conflicto catalán, concretada en el compromiso de trabajar “por una propuesta política con un amplio apoyo en la sociedad catalana”. Haya sido, el encuentro del jueves, una reunión, como dice el gobierno español, o una cumbre, como dice el catalán, el hecho es que por primera vez un documento conjunto apuesta por “una respuesta democrática a las demandas de la ciudadanía de Catalunya”. Y que los consensos amplios son la guía de trabajo. Poco a poco, el soberanismo pasa de la legitimidad del 47 por ciento a propuestas compartidas por el 80 por ciento de la población. Algo ha cambiado.

La furibunda reacción de la derecha española, con la FAES al frente, acusando al presidente Sánchez de “normalizar el golpe de Estado que los secesionistas perpetraron hace un año”, da la medida de las enormes dificultades que encontrará la vía del diálogo. Pero confirma también que, en un momento en que el independentismo va virando hacia el posibilismo, el problema se desplaza a la política española. Donde una derecha cada vez más radicalizada, en plena operación derribo del presidente Sánchez, puede dinamitar cualquier vía razonable de entendimiento, que solo es posible si todas las partes desde el independentismo a todos los partidos políticos españoles arriman el hombro. La vía está abierta y el que la cierre tendrá que dar explicaciones.

Por lo demás, aunque los acuerdos de carácter simbólico se hayan llevado la atención mediática, la decisión más importante que ha tomado el gobierno ha sido el aumento del salario mínimo. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. Y si el rechazo a la condena a muerte de Companys y el bautizo del aeropuerto de Barcelona, con el nombre de Josep Tarradellas, quieren ser gestos de simpatía con los catalanes, no olviden los que gobiernan que los ciudadanos esperan reconocimiento más que cariño. Y que poner nombre al principal aeropuerto del principado sin consultar a las instituciones, tiene un deje de paternalismo contraindicado con el efecto que se busca.

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