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Incierto camino parlamentario

Josep Ramoneda analiza el recorrido que le espera al proyecto de presupuestos que hoy ha presentado el Gobierno y se pregunta por los posibles apoyos de Podemos y los independentistas. También reflexiona sobre el nuevo papel de Susana Díaz y la metedura de pata de Ruth Beitia

El gobierno sigue decidido a llegar lo más lejos posible. Presenta unos presupuestos que recuperan cierto acento socialdemócrata, aumentando la recaudación para invertir en gasto social. Por supuesto, la derecha y el dinero pondrán el grito en el cielo, en tiempos en que cuando se habla de reformismo lo que se está exigiendo son menos impuestos para los que tienen y menos protección para los que no tienen. Empieza ahora un incierto camino parlamentario que pondrá a prueba la precaria mayoría gubernamental. ¿Podemos y los soberanistas catalanes ayudarán a cuadrar la aritmética parlamentaria? El sentido común dice que ni unos ni otros tienen interés en tumbar el gobierno y abrir la puerta al tridente de la derecha. Y lo lógico es que Podemos alcance un punto de encuentro. Más complicado es adivinar qué hará el independentismo, sobre el que siempre amenazan los nubarrones del irracionalismo trascendental. Y las ruinosas fantasías de los partidarios del cuanto peor, mejor.

Susana Díaz se reivindica. Y no solo anuncia que liderará la oposición sino que ya habla de volver a ser candidata. Hay cambios que se cuecen a fuego lento. Y este estará en el orden del día a partir de las elecciones municipales de mayo. O dicho más simple, a la tercera derrota va la vencida.

Ruth Beitia, la atleta convertida en candidata del PP a la presidencia de Cantabria es novata en política. Y es normal que sus primeras comparecencias lleven improntas literales del argumentario oficial del partido. Pero decir que “se debe tratar por igual a un animal, si es maltratado, una mujer y un hombre” es un modelo lamentable de retórica envolvente para evitar reconocer esta lacra social que se llama violencia de género. Por supuesto que hay que ayudar a quien sufra maltrato, sea mujer, hombre o animal, aunque esta última alusión tenga algo de obscena. ¿Pero qué sentido tiene esta obsesión en minimizar un problema tan grave como la violencia machista, apelando a argumentos fuera de lugar que resultan patéticos?

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