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Escribir nuestras normas sexuales

Revisemos nuestras fantasías sexuales y reconozcamos qué nos falta en nuestra cama.

Sin poder remediarlo, analizamos el pasado sin tener en cuenta que lo único que debería importarnos es el futuro. Me he equivocado tantas veces que, aunque pudiera cambiar mis errores, sería mejor que no lo intentara. No quiero cambiar mi vida. Solo quiero que me permitan elegirla a partir de ahora. Elegí acompañarme de personas que me plantaran cara. Que me pusieran un espejo para que pudiera verme y reconociera todos mis defectos. Será difícil que dejen de gustarme los señores con tanto carácter como las manos grandes, que me sacan dos cabezas y que me demuestren cuánto me desean. Será prácticamente imposible que no sienta predilección por las mujeres que se atrevan con los retos, incluidos los de mi cama. Empeñada, como siempre, en no mentirme; asumiendo que mis verdades son las que más duelen.

La sexualidad es poliédrica, encierra dentro de ella nuestras apetencias, nuestros gustos, nuestros atrevimientos, pero también nuestros miedos. Piensen en un recipiente que llenemos de las apetencias sexuales que tengamos y de las desgracias que evitemos. Revisemos nuestras fantasías sexuales y reconozcamos qué nos falta en nuestra cama. Busquemos una compañía que nos ayude a elegir las reglas de nuestro juego amatorio. Mezámonos por las rarezas ajenas y aprendamos de lo que otros nos brindan. Alejémonos de lo que nos lastima.

Quiero convertir mi sexualidad en mi bien más preciado. Para que abarque todo mi ser, por dentro y por fuera. Para que me dé fuerzas. Para que me insufle confianza. Para sentirme bien al lado de los que me quieren y me aleje de los que me dañen. Nunca un arma fue tan efectiva como cuando nos saltamos las normas ajenas y escribimos las nuestras.

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