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Refugiados, migrantes y MENAS aprenden cocina en una cafetería madrileña

El proyecto del Ayuntamiento de Madrid pretende insertar a jóvenes en riesgo de exclusión social en el mercado laboral

En medio del madrileño parque La Quinta de los Molinos hay un palacete — convertido desde julio de 2018 en un Centro cultural— cuya cafetería se ha convertido en una escuela de hostelería muy peculiar. Refugiados, migrantes, y MENAS (Menores Extranjeros No Acompañados) atienden las mesas y cocinan un delicioso menú cada día en La Quinta cocina. Se trata de un proyecto pionero del Ayuntamiento de Madrid que pretende insertar a jóvenes en riesgo de exclusión  en el mercado laboral.  

Durante cuatro meses, unos 40 jóvenes de entre 16 y 23 años aprenden técnicas de cocina y de sala para luego cumplir otros dos meses de prácticas en restaurantes madrileños de la talla de Yakitoro, La Berenjena o Niña de Papá, entre otros. El método es simple: 'aprender haciendo'. "Desde el primer día entran directamente a atender al público. Es un breve máster en el que avanzan a pasos agigantados", relata el jefe de sala, David Alonso. Además, los chicos también reciben clases de inglés, adaptadas al oficio; refuerzo de español, si alguno tiene dificultades con el idioma; e informática aplicada al mundo de la cocina.

El perfil de los jóvenes es variado: personas en condiciones de vulnerabilidad, desde migrantes, especialmente latinoamericanos que han venido a reagruparse con sus familias, MENAS, procedentes sobre todo del norte de África y que necesitan trabajar para conseguir una oferta laboral al cumplir los 18 años y regularizar su situación y jóvenes con familias con pocos recursos que han abandonado la enseñanza. "Ellos tienen la libertad de marcharse cuando quieran", explica Chema de Isidro, cocinero de la cafetería. "La carta está diseñada para que utilicen mucho las manos, el cuchillo. Nosotros les enseñamos cocina, pero sobre todo a trabajar en la cocina", cuenta.

 

No solo hostelería

La idea es que al finalizar el periodo de prácticas puedan ser contratados en los restaurantes. "A pesar de que existe un alto porcentaje de contratación, para los que no se quedan trabajando nuestra compañía no termina.", asegura Felipe Rojas, director del proyecto.

Cafetería la Quinta Cocina / I.D.

"No solo buscamos la inserción laboral, que bien es cierto que es nuestro objetivo inmediato, sino que queremos que el chico sienta que vale, que es indispensable para que la sociedad sea un poco más humana" , relata Rojas.

Por ello, La Quinta cocina pretende ser un punto de inflexión en la vida de estos jóvenes con los que, de alguna manera, el sistema ha fallado. "Que ellos puedan decidir que el atractivo de la droga, la violencia o la pandilla es menos atractivo que le trabajo", sentencia Rojas.

El Ayuntamiento ha apostado por este espacio, cendiendo su explotación a la ONG CESAL, para innovar en la manera de enseñanzar. "Hace años veíamos este proyecto dificilícimo, no sabíamos por dónde encausarlo y ahora mismo es una realidad", comenta Ana Buñel Heras, directora general de Familia e Infancia del Consistorio. Otros distritos ya están tomando nota para seguir extendiendo esta pionera iniciativa.

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