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Jueves, 23 de Enero de 2020

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Brexit blando o no Brexit

Josep Ramoneda analiza las últimas negociaciones en el Reino Unido para evitar un Brexit duro, la grieta entre Podemos y el Gobierno por el decreto ley sobre los alquileres y la decisión de Puigdemont de llevar al Constitucional a Roger Torrent y la mesa del Parlament

Los laboristas ingleses apuntan ya a un segundo Brexit. La política a veces se pega viajes inacabables para llegar al puerto de al lado. Desde que se empezó a hablar de Brexit se sospechaba que se movería todo para que no cambiara casi nada. Cuando el Brexit empezó a tomar cuerpo, Europa aparentó ponerse dura y se aseguró que no habría compasión. Pero hay demasiados intereses cruzados, demasiado a perder por todas las partes. Y después de los aparatosos choques de este fin de año, ahora ya todo el mundo avista más claro: Brexit blando o no Brexit. Realmente era inevitable tan largo periplo (y lo que queda todavía) para volver al principio. La política no conoce de ahorro energético. Ni de economía de la palabra.

Aunque la amenaza ya se había formulado días atrás, cabe una duda: ¿Podemos habría tumbado el decreto del gobierno Sánchez sobre alquiler de vivienda, sin el golpe de efecto de Errejón? ¿La apuesta por marcar perfil propio y recordar a Sánchez que sin Podemos su mayoría no es nada se habría producido igualmente? ¿Quién está más del lado de la gente? Si de esto se trata, ¿no sería mejor que Podemos tratará de zurcir con prudencia y templanza la alianza con Más Madrid, para ganar fortaleza y allanar el camino de la izquierda hacia las elecciones de mayo?

Se acabó la diversión, llegó Puigdemont y mandó a parar. El expresidente catalán presenta un recurso al Constitucional contra Roger Torrent y la mesa del Parlament por haberle retirado el voto como diputado. Toma así carta de naturaleza lo que ya estaba en el ambiente desde hace tiempo. El proceso catalán se paró y estamos en una nueva fase: la lucha por la hegemonía dentro del campo soberanista. Parece que algunos avistan ya el día después de la sentencia del Tribunal Supremo. Puigdemont adorna su gesto de hostilidad con los suyos, con un nuevo desafío: una Cataluña independiente, con relaciones amistosas y estables con Rusia. Extraño desahogo melancólico.

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