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Domingo, 31 de Mayo de 2020

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El dietario de Ramoneda

Situación endiablada en Venezuela

Josep Ramoneda analiza el panorama en Venezuela después de la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente del país, las posiciones de las potencias internacionales ante el acontecimiento y la declaración de Torra de dejarlo si no creyera que puede llevar a Cataluña a la independencia

Trump con Guaidó, prometiendo todas las desgracias para el régimen chavista, Putin con Maduro, anunciando un derramamiento de sangre. Y Europa, en medio, en el sí, pero no: aplaudiendo a Guaidó, pero sin reconocerle como presidente. Son los instintos propios de cada casa ¿Retorno a la guerra fría? ¿De nuevo la política de bloques? No, una situación endiablada en que ninguna de las dos partes es capaz de imponerse a la otra. O frenan o van al precipicio juntas. Hay que parar, convocar elecciones y volver a empezar. En vez de tomar partido, las potencias deberían presionar en esta dirección. Como era previsible, el ejército, implicado en el tinglado mafioso de los que mandan, se ha decantado del lado de Maduro, de modo que o se fuerza la vía del acuerdo o la alternativa es más destrucción, más miseria y más sangre.

Dice el presidente Torra: “Si no creyera que puedo llevar el país a la independencia lo dejaría”. Pues, ya puede preparar la retirada. Cualquier persona razonable sabe que la independencia de Cataluña no está en el orden del día, dicho otro modo, a corto plazo es imposible. Y la primera obligación de un gobernante es precisamente no engañar a los ciudadanos sobre los límites de lo posible a base de promesas que, en este momento, están fuera de su alcance. El principal problema del soberanismo es que hay demasiada gente que no quiere decir en público lo que reconoce en privado. Y así es difícil acertar en la estrategia.

Sánchez en Davos, para recordar lo elemental: que debajo del populismo reaccionario están las desigualdades de las que se nutre y que las élites mundiales no ven interés en combatir. Alguien tenía que decirlo.

Ada Colau en el frente de los que intentan lo que parece misión imposible: reconstruir los puentes dinamitados entre Podemos y Mas Madrid. Y evitar así un naufragio de la izquierda. El momento es demasiado delicado para que los resentimientos personales se lleven los proyectos políticos por delante.

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