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Martes, 17 de Septiembre de 2019

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Dalí y el cine

Repasamos la relación del genio de Figueras con el cine en el 30 aniversario de su muerte.

En 1982 Dalí escribió una carta a su antiguo amigo Luis Buñuel proponiéndole llevar a la pantalla un argumento que había escrito titulado “Pequeño demonio”. Para entonces Buñuel ya estaba retirado y no aceptó. Y es que hasta los últimos años de su vida Salvador Dalí intentó por todos los medios entrar a formar parte de la historia del cine. Su relación con el séptimo arte fue siempre contradictoria. Por un lado admiraba su capacidad como medio que permitía soñar con los ojos abiertos, pero por otro despreciaba su falta de atrevimiento.

En realidad la historia de amor de Dalí con el cine es la historia de una frustración ya que muchos de sus proyectos quedaron inconclusos o abandonados. Uno de ellos fue “Destino”, un cortometraje animado en el que trabajó con Walt Disney. Durante años permaneció olvidado en un cajón hasta que en 2003 la compañía Disney lo desempolvó, lo puso en imágenes con ayuda de las nuevas tecnologías y acabó siendo nominado al Oscar. En cambio otros muchos trabajos cinematográficos de Dalí nunca llegaron a ver la luz. El problema era que las ideas visuales del artista resultaban demasiado radicales y transgresoras y los productores se echaban las manos a la cabeza al leer sus guiones.

Salvador Dalí debutó en el cine en 1929 rodando junto a Buñuel la primera película surrealista de la historia: “Un perro andaluz”. La idea surgió a partir de unos sueños y los dos genios españoles decidieron hacer la película siguiendo una regla muy estricta: no aceptar imagen alguna que pudiera tener una explicación racional. Sin embargo esa buena relación terminó poco después con la irrupción de Gala en la vida del pintor, ya que Buñuel no la soportaba. El que tendría que haber sido el siguiente proyecto en común, “La edad de oro” (1930), lo rodó Buñuel en solitario. Dalí decía que, pese a todo, participó en ella decisivamente, ya que envió al director diversas cartas con sus ideas, aunque luego Buñuel nunca reconoció esa aportación.

A lo largo de su vida Dalí visitó muchas veces Hollywood. Fue amigo de Greta Garbo, de Cecil. B. DeMille o de Bing Crosby. Pintó retratos de Mae West o de Laurence Olivier. Sin embargo el personaje que más le fascinaba del cine americano era Harpo Marx. El pintor le propuso trabajar juntos en un guion titulado “Jirafas en ensalada de lomos de caballo”.

Dalí dibujando a Harpo Marx

El guion incluía escenas como una horda de jirafas llevando máscaras de gas que explotaban y causaban el pánico en la Quinta Avenida o una secuencia con Harpo cazando enanos por la calle con un cazamariposas. A los Marx les pareció gracioso pero la película nunca llegó a rodarse. Pero sin duda su colaboración más famosa en el cine americano fue la que realizó para Alfred Hitchcock en “Recuerda” (1945). El director encargó a Dalí que crease los decorados y el argumento de la escena del sueño de Gregory Peck. La secuencia que diseñó duraba más de un cuarto de hora, pero al final acabó reducida a un par de minutos. 

También dio ideas para otra secuencia onírica, la que protagonizaba Spencer Tracy en “El padre de la novia” (1950) de Vincente Minnelli o diseñó algunos decorados para la película española “Don Juan Tenorio” (1952), dirigida por Alejandro Perla. Como decíamos, hubo otros muchos proyectos que nunca llegaron a concretarse. Por ejemplo, en un guion titulado “Contra la familia”, el artista pretendía exponer su idea de la familia como caldo de cultivo para la neurosis y los conflictos psicológicos. En cambio sí protagonizó varios cortos y documentales sobre su trabajo, alguno de ellos dirigido por él mismo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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