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Urnas o fuerza

Pablo Morán reflexiona sobre las posibilidades que se abren en Venezuela tras la autoproclamación de Juan Guaidó como presidente del país y la posición de resistencia a abandonar el poder de Nicolás Maduro

48 horas después del salto a escena de Juan Guaidó, como nuevo referente de la oposición chavista, se ha puesto sobre la mesa la alternativa más sensata para resolver el peligroso pulso por la legitimidad de la presidencia de Venezuela al que asistimos desde el miércoles.

No se trata de una solución revolucionaria, ni imaginativa, sino de algo tan antiguo como la propia democracia. Se trata de una convocatoria electoral que refrende -con todas las de la ley- al futuro presidente de Venezuela, ya sea Nicolás Maduro, Juan Guaidó o a cualquier otro candidato.

Claro que es importante que esos comicios se celebren cumpliendo los estándares democráticos y las garantías básicas para que nadie pueda poner en duda su resultado, algo que sí ocurre ahora. Nicolás Maduro revalidó la presidencia después de un proceso electoral en el que la oposición se quedó fuera y después de desplazar y ningunear a la Asamblea nacional controlada por esa misma oposición legítimamente elegida en las urnas.

Claro que, del otro lado, está Guaidó que necesita del mismo aval democrático para validar su proclamación como nuevo presidente de Venezuela, por mucho que recurra a la constitución venezolana para justificar su estrategia.

La solución más lógica, por tanto, es esa convocatoria electoral, una salida que impulsan en Europa, en busca de una posición común, países como Alemania o España (en el caso del gobierno español, huyendo del maniqueísmo al que se ha entregado la derecha de Pablo Casado y Albert Rivera desde hace dos días).

Urnas o fuerza. Votos o pancartas en la calle. A ver si por fin llega el momento en el que los venezolanos, todos, puedan ser escuchados.

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