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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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Las mujeres LGBT son objetivo en Colombia

Un informe de la Fundación Triángulo y Caribe Afirmativo ha contabilizado más de 450 homicidios de mujeres de este colectivo desde 2014 que han resultado impunes. Una violencia invisibilizada y eclipsada por el proceso de paz. América Latina tiene la mayor tasa de asesinatos al colectivo LGBT

Más de 450 mujeres lesbianas, bisexuales o transexuales han sido asesinadas en Colombia desde 2014, unos crímenes que se dan con total impunidad y que son “históricamente silenciados”, según revela el informe Enterezas sobre este tipo de violencia.

Wilson Castañeda, director de la organización colombiana Caribe Afirmativo, explica que “este informe constata que en el caso de las mujeres LGBT la paz les está costando la vida y siguen presentándose homicidios, violencia policial, violencia sexual, maltratos, desplazamiento forzado...” Hay un prejuicio que alimenta esta violencia. En la legislación colombiana no existe una ley de crímenes de odio, pero sí hay un agravante penal en el código para sancionar el prejuicio por orientación sexual o identidad de género, explica Castañeda, sin embargo en el informe constatan algunas cuestiones importantes en materia de prejuicios, entre ellas, que “la violencia hacia las mujeres lesbianas, bisexuales y trans ha sido históricamente invisibilizada” y las campañas del gobierno se centran en reducir la violencia contra los hombres gays, cuando son las mujeres trans las más atacadas. O que “la violencia hacia las mujeres lesbianas suele ser violencia sexual”.

Cada año hay entre 110 y 120 asesinatos de personas LGBT en Colombia, el segundo país de América latina con más violencia contra este colectivo. 66 mujeres LGTB fueron asesinadas entre los años 2007 y 2016 en el Caribe colombiano por su orientación sexual, la inmensa mayoría eran transexuales. Muchos de estos feminicidios vienen precedidos por insultos, por amenazas y también por discursos de odio que las representa como mujeres peligrosas, delincuentes, perversas y promiscuas.

Wilson Castañeda cree que lo importante no es llenar las cárceles las personas que cometen estos delitos, sino “ahondar en la investigación de cuáles son las motivaciones que tienen ellos para cometer este tipo de violencia hacia las mujeres Lesbianas, Bisexuales y Trans, y conociendo esas motivaciones podremos proponer políticas preventivas que nos permitan romper ese círculo vicioso”.

Según este informe, la vulnerabilidad económica es otra característica común entre muchas víctimas, que ejercían la prostitución sobrevivían en la marginalidad o con empleos muy mal remunerados, una situación que es consecuencia del rechazo que sufren desde edades muy tempranas y que se inicia su entorno. La familia se convierte en un escenario de riesgo, en casa empiezan a ser maltratadas, a veces son expulsadas y en los episodios más graves violadas. Es habitual que reciban tratamientos correctivos, ya sea en psicológicos o espirituales.

En la escuela, que abandonan de forma precoz, son objeto de acoso y de bullying por parte de sus compañeros de pupitre, pero también por parte de profesores y directores. En su vida diaria no es extraño que a las trans por ejemplo se les impida el uso de los baños públicos de mujeres. Hay discotecas que les prohiben la entrada padecen acoso en parques y plazas. Las mujeres lesbianas cuentan que los insultos en la calle son cotidianos y en ocasiones son agredidas cuando se besan o se acarician en público.

Pese a esta violencia y discriminación que relata el informe apoyándose en testimonios, el índice de denuncias es bajo. Las mujeres LGTBI de esta parte del planeta desconfían de la justicia y de la Policía porque no se sienten protegidas. En muchos casos las denuncias no tienen respuesta y las investigaciones se archivan sin resultados. Además, las víctimas que se atreven a dar el paso no reciben una atención digna y respetuosa con sus derechos por parte de los funcionarios judiciales, que lejos de tener la formación adecuada, actúan con prejuicios que les llevan a normalizar la violencia e incluso a considerar los ataques como justificados y merecidos.

En este sentido, Castañeda explica que “hay tres respuestas contundentes: el primer lugar de denuncia es la policía. Colombia por su conflicto armado tiene una policía muy fuerte hay policías en todas las esquinas de todas las calles de todas las ciudades de Colombia, pero la policía aparece en el segundo lugar como el ente violador de los derechos de las mujeres LGBT después de los actores al margen de la ley, es decir, la policía es otro actor victimario, entonces no generan confianza. Las mujeres no acuden a ellos por temor a ser revictimizadas”.

José María Núñez,  Presidente Estatal de la Fundación Triángulo colaboradora en la elaboración del informe, recuerda que “Centroamérica es hoy una de las zonas geográficas donde en más riesgo están las vidas de muchos hombres y mujeres por el hecho de ser homosexuales bisexuales o transexuales”. Hay un problema compartido en toda la región y es que países como Colombia, México y Brasil representan más del 60% de las muertes de personas LGBT en el mundo anualmente, pero también afecta enormemente a Nicaragua, Honduras o República Dominicana.

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