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La razón se impone al resentimiento

Josep Ramoneda analiza la decisión de Podemos de abrirse a negociar con Errejón la candidatura a la Comunidad de Madrid, el futuro de Venezuela y la constitución de la Crida

A menudo, los políticos solo reaccionan cuando se van al borde del precipicio. La irritada respuesta de Pablo Iglesias a la alianza de Íñigo Errejón con Manuela Carmena se ha disuelto en el aire. Por una vez la razón se ha impuesto al resentimiento. Se ha comprendido que se había abierto una brecha que se podía llevar a la organización hasta el pozo. Y que, por tanto, era mejor buscar la complicidad, aunque fuera ya sin amistad, que entrar en un ritual de duelo por la ruptura. Podemos se abre a negociar con Errejón la candidatura por Madrid. Y compartir los daños antes que dejarse llevar al desastre por una cuestión de honor. Sin embargo, existe el riesgo de que la negociación agrave las heridas. No será fácil para Iglesias aceptar que Errejón ha de ser el candidato.

Maduro se exhibe con una patrulla de militares y Guaidó se encomienda a la Virgen y pide al ejército que no actúe contra ciudadanos. Dos imágenes que dicen mucho de los dos personajes, pero sobre todo confirman que el devenir inmediato de la crisis venezolana dependerá de la posición que tomen las fuerzas armadas. Las dos partes lo saben. La cúpula militar es rehén de las corrupciones del régimen en las que está enfangada, pero si se va bajando a niveles inferiores de la jerarquía el hartazgo puede ser parecido al de gran parte de la ciudadanía. ¿Es posible aislar al mando? No en vano el entorno de Guaidó desliza mensajes de amnistía y reconciliación.

En nombre de la unidad, los dirigentes políticos independentistas se negaban a decir en público lo que reconocían en privado: que se acabó una etapa, que la estrategia unilateral es inviable, que hay intereses contradictorios en juego y que cada cual tiene su agenda personal y de partido. La constitución de la Crida, el movimiento de Puigdemont, ha hecho saltar por los aires el mito de la unidad, convertido en banal consigna. Y Ernest Maragall, el candidato de Esquerra Republicana al Ayuntamiento de Barcelona, ha sido el primero en romper el tabú. “Hay un problema de unidad no resuelto en el campo del centro derecha”, ha dicho, “nuestra tarea y responsabilidad no es hacer su trabajo”. Es decir, que el elector independentista tenga variedad para escoger. Si después hay que aliarse para formar mayorías ya se hará. Y los votos establecerán las jerarquías.

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Cadena SER

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