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Prudencia, justicia, fortaleza y templanza

Josep Ramoneda analiza las consecuencias políticas que puede tener el juicio contra los presos independentistas, la futura estrategia electoral de Albert Rivera y la pérdida de votos a favor de Vox que está sufriendo el PP de Pablo Casado

Ahora sí, ya hay fecha para el juicio a los líderes independentistas: será el 12 de febrero. Jugarretas del calendario, un día como este de 1974 dio nombre al espíritu del 12 de febrero, como se conoció un ínfimo proyecto de reforma del entonces presidente Carlos Arias Navarro que pretendía perpetuar el franquismo agonizante. El traslado de los presos a Madrid es un momento doloroso para una gran parte de la ciudadanía catalana, que sigue sin entender la suerte de los líderes soberanistas. Hay graves irresponsabilidades compartidas por quienes gobernaban Cataluña y España en el hecho de que no se haya sido capaz de encauzar políticamente el problema y se haya llegado hasta aquí. El presidente Torra, al frente de su gobierno, ha hecho una declaración solemne para decir que “el juicio cambiará para siempre a nuestro país y a su relación con el Reino de España”. Seguimos en el territorio de las grandes palabras más testimoniales que efectivas. Es un juicio con gran carga política, que sin duda tendrá consecuencias políticas. De la forma en que se produzca, de la transparencia en que transcurra y de la sentencia que emane dependerán muchas cosas. Ahora mismo lo que se me ocurre, en nombre de la ética de la responsabilidad, es recordar al tribunal las cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Albert Rivera dice ante los suyos que planteará las elecciones municipales y autonómicas como un plebiscito a Sánchez. Sí o no al sanchismo, sí o no a España, es la fórmula de su demagógica amalgama. Con lo cual, los que hablaban de la polivalencia pactista de Ciudadanos ya se pueden bajar del guindo. Si Sánchez es el enemigo, el tridente de la derecha permanecerá unido.

El PP siente el acoso de Vox y las pérdidas de votos hacia Ciudadanos, y la reacción de Casado es hacer suya la agenda de la extrema derecha. Y prepara una retahíla de iniciativas parlamentarias en esta dirección: incorporar al Código penal como delito los homenajes a terroristas, declarar a la tauromaquia seña de identidad de España, y apoyar la caza como forma patriótica genuina de mantener el ecosistema, y otras apuestas imaginativas de la misma índole. A estas alturas Casado debería saber que los electores radicalizados prefieren el modelo a la copia. Pero poco importa: es lo que le pide el cuerpo al presidente del PP.

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Cadena SER

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