Palabras gruesas

Madrid
Se pone en marcha la maquinaria de las palabras gruesas, al borde del insulto y de la histeria. A las palabras tranquilas las llamaba el filósofo Ángel Ganivet, que murió de pena en Finlandia, palabras redondas, y para él las picudas eran las que cortaban. Ahora escuchamos traición, cobarde, patria, y no son solo sustantivos o adjetivos que salen del diccionario, sino que son acusaciones graves que se lanzan contra compatriotas a los que se les reprocha hasta la respiración. En estas circunstancias pedir sosiego parece una obra de caridad.




