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Thompson y CIA.

Como el gran Jim Thompson, nos retratan por lo que nos falta, por todo aquello en lo que fallamos. Y aún hay quien dice que el género negro no es más que entretenimiento y evasión

Lorenzo Silva junto a Macarena Berlín en los estudios de Cadena Ser. /

Entre los últimos días de enero y los primeros de febrero acaban de sucederse tres de los festivales que se dedican al género negro en nuestro país: Aragón Negro, Pamplona Negra y BCNegra. Tres citas donde los lectores han podido encontrarse con los autores y con sus historias, que cada vez van más allá de los crímenes. Así lo atestiguan varias lecturas recientes de quien les habla. Por ejemplo, la novela Justo, de Carlos Bassas, que a partir de un anciano e implacable vengador saca a la luz algunos ángulos oscuros del ayer y el hoy de su ciudad, Barcelona. O No pidas nada, del argentino Reynaldo Sietecase, que ajusta cuentas con la pervivencia de los afanes de los torturadores que asolaron Argentina. O La melodía de la oscuridad, de Daniel Fopiani, que muestra cómo la violencia degrada a quienes la padecen y sirve para engendrar más violencia, además de recordarnos con un peculiar detective ciego el terrorismo que algunos quieren hoy blanquear. O, en fin, La catequista, el décimo título de la serie del soplón y matón Bellón, ese personaje insalvable y a la vez insustituible creado por el maestro Julián Ibáñez, y que nos acerca a las grietas de nuestra sociedad donde ninguna dignidad es posible. Ninguno de ellos ofrece al lector personajes ejemplares. Como el gran Jim Thompson, nos retratan por lo que nos falta, por todo aquello en lo que fallamos. Y aún hay quien dice que el género negro no es más que entretenimiento y evasión. Lo que hace la falta de lecturas.

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