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Dos veces

Nunca hemos asistido a un desprecio por las instituciones democráticas que pueda compararse ni remotamente a la manifestación del domingo

Todo está cambiando muy deprisa, y por eso hay que pensar las cosas dos veces. La huelga deja de ser un arma eficaz cuando un gobierno se comporta como un gángster mafioso. Garrido ni siquiera se ha sentado a la mesa. ¿Han perdido los taxistas? No, hemos perdido todos. Si la mayoría no se ha dado cuenta, peor para ellos.

¿Piensan los independentistas catalanes dos veces? ¿De verdad consideran que dejar caer a este gobierno, ahora o en las próximas generales, es un buen negocio? ¿Esperan algo de una Unión Europea donde cada vez pesa más la extrema derecha? A lo peor, con su decisiva colaboración, España se sumará antes o después a la tendencia más pujante del continente, y el 155 se convertirá en un recuerdo amable. ¿Puigdemont no se ha dado cuenta aún de que Waterloo es célebre por sus derrotas?

Llevamos años escuchando que la política española se parece cada vez más a la venezolana, pero nunca se ha parecido tanto como ahora, y no por culpa de Podemos. La triple entente reaccionaria sigue el camino de Guaidó sin perder el tiempo en pensar dos veces. Mienten, intoxican, incendian, convierten una decisión discutible en un acto de lesa traición y sacan a las masas a la calle. Para echar a Sánchez, dicen. Dejando a un lado que José María Aznar, mentor de Casado, negoció con ETA con mediadores, nunca hemos asistido a un desprecio por las instituciones democráticas que pueda compararse ni remotamente a la manifestación del domingo. Y cuando suban al estrado, ¿qué harán? ¿Se autoproclamarán algo? ¿Uno, dos, o los tres? Igual, Donald Trump los reconoce y todo.

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