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Martes, 17 de Septiembre de 2019

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La más grande de las estrellas pequeñas

Hace un lustro nos dejaba Shirley Temple la niña prodigio más famosa que ha conocido el cine.

Niños prodigios en el cine ha habido muchos pero ninguno consiguió llegar tan alto y que su leyenda perdurara tanto tiempo como Shirley Temple. Con sus tirabuzones rubios, su nariz respingona, la sonrisa pícara y su descaro al hablar, gustaba por igual a niños y adultos. Vistas hoy, sus películas pueden parecernos excesivamente cursis pero fueron rodadas precisamente para irradiar optimismo y alegría en unos tiempos que eran difíciles. De hecho el Presidente Roosevelt agradeció públicamente su trabajo porque contribuyó, según dijo, a que América mantuviera la esperanza y pudiera salir de la “Gran Depresión” de los años 30.

Shirley Temple comenzó a ser estrella muy pronto. Es conocida la anécdota que cuenta que, a los siete años, se sentó en el regazo de Santa Claus durante unas navidades para pedirle sus regalos y fue el propio Papa Noel quien, al final, acabó pidiéndole un autógrafo a ella. Había debutado en el cine con tan solo seis años con un pequeño papel en el musical “Stand Up and Cheer!”, pero su consagración llegaría poco después con “Ahora y siempre” en la que hacía de hija de Gary Cooper.

A lo largo de la década de los 30 del siglo XX filmó unos 25 largometrajes y se convirtió en la estrella que más beneficios proporcionó a la Fox durante esa década. Películas como “Heidi”, “La pequeña princesa”, “La mascota del regimiento”, “Pobre niña rica” o “La pequeña coronela” arrasaban en las taquillas de todo el país. Ella era la estrella indiscutible y, además de protagonizar sus películas, era la invitada de muchos programas de radio; posaba como modelo infantil en revistas y aparecía en numerosos actos públicos. Shirley Temple se había convertido en todo un fenómeno popular. Fue la actriz más joven en plantar sus huellas de manos y pies en el cemento del Teatro Chino de Los Ángeles y la más joven también en recibir un Oscar honorífico. Lo ganó en 1935, con siete años, por su contribución al mundo del entretenimiento.

Pero el tiempo, inevitablemente, fue pasando. Llegados los años 40 el público tuvo que aceptar la evidencia de que la actriz se había hecho mayor. Surgió así la Shirley adolescente primero y la Shirley juvenil después. Desgraciadamente para ella los papeles protagonistas se habían acabado y tuvo que contentarse con personajes secundarios. Su fama también decreció bastante porque al público no le hacía ya tanta gracia ver a su querida niña tirándole los tejos, por ejemplo, a Cary Grant en “El Solterón y la menor”. Una de sus mejores películas de esta época fue “Fort Apache” de John Ford.

A finales de los años 40 decidió retirarse del cine aunque, durante más de otra década, siguió trabajando en la televisión con un programa que se hizo muy popular: “Los cuentos de Shirley Temple”. Más tarde se dedicó a la política gracias a la influencia de su segundo marido, Charles Black, miembro del partido Republicano. Fue Delegada de las Naciones Unidas; Jefa de Protocolo de la Casa Blanca e incluso embajadora en países como Ghana y Checoslovaquia. La actriz murió el 10 de febrero de 2014 a los 85 años de edad. Hacía muchos años que no rodaba películas y aunque sus mayores éxitos los consiguió en su época de niña prodigio su contribución al cine no se ha olvidado. De hecho en la clasificación que hace el American Film Institute de las grandes estrellas de la pantalla de todos los tiempos, Shirley Temple aparece en el puesto número 18 de esa lista.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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