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Julián López y las reglas del humor en tiempos de 'ofendiditos'

El protagonista de 'Perdiendo el Este' reflexiona sobre el estado de la comedia y el fondo social de la película

El actor Julián López, durante la presentación de 'Perdiendo El Este' / ()

Perdiendo el Este, continuación de la taquillera Perdiendo el Norte, llega a los cines este viernes. Esta segunda entrega profundiza en el planteamiento de la primera. Un joven cualificado, tras finalizar sus estudios y no encontrar trabajo en España, decide buscar suerte en otros países con oportunidades. Los emigrados de la crisis. En la primera cinta el destino elegido fue Berlín, y en esta ocasión la trama se traslada a China con Julián López de protagonista. 

Interpreta a Braulio, un científico que se traslada al gigante asiático en busca de una nueva vida. Tópicos, comedia de enredo y cuñadismo español convergen para hacer difícil una estancia con barreras lingüísticas y amorosas. El actor, que participa en la nueva película de Almodóvar y protagoniza una nueva serie en Movistar, charla sobre el rodaje, el choque cultural, la no salida de la crisis y las reglas del humor. 

¿Son buenos tiempos para el humor o crees que la ofensa permanente nos lleva a la autocensura?

Yo sigo creyendo en lo mismo, no he cambiado la percepción de nada. Sé cuáles son las reglas desde niño y tengo una versión poética del humor que no me va a quitar nadie: el humor es una frecuencia que no es real, lo parece pero no lo es. No convive con el mundo real. Tú sintonizas un chiste y coges una frecuencia y un universo donde convive ese chiste. Ahí no pasa nada, las bombas no explotan de verdad, los asesinos no matan a gente de verdad... no nos pretendamos llevar eso a lo real. Está a otro nivel, y como lo veo así, por favor, que sepamos que las reglas son esas.

¿Cómo ha sido el rodaje en sitios tan distintos como Hong Kong, Pamplona y Madrid?

Creo que una de las virtudes de la película es que conjuga tres elementos: uno es el choque cultural China-España, este choque es mucho mayor que el que encontramos en la primera entrega con Alemania-España; luego encontramos los Sanfermines, una fiesta que es muy nuestra pero a la vez es muy internacional porque viene gente de todo el mundo; como último y tercer elemento encontramos las canciones de Sergio Dalma, canciones que están en el imaginario colectivo del español medio y que son reconocibles. De repente vemos cómo a Braulio le encanta este cantante, y tira de él para intentar conquistar.

Respecto a la parte social, esto puede convertirse en una saga de los emigrados españoles en forma de comedia. ¿Nos cuesta mucho a los españoles irnos a otro país? ¿Se va a sentir representada mucha gente que emigró por la crisis?

Esto lo pudimos ver con Perdiendo el Norte. Muchos españoles que estaban en Berlín nos contaban sus testimonios, que se sentían muy identificados con la película. Mientras rodábamos en China, medios españoles de corresponsales nos decían lo mismo, que no sabemos lo difícil que es a veces relacionarse porque son de otra manera. Ni mejor ni peor. Con esta saga, que ya veremos si tiene más continuación, se cumple la cuota con la que nació el cine, que a parte del entretenimiento cumple también con dejar el legado, saber lo que estaba ocurriendo en cierta época.

Actualmente, vemos también cómo la comunidad china va creciendo en España. Todos salimos a la calle y vemos a chinos, tenemos vecinos chinos e incluso compañeros de profesión. Tenemos que hermanarnos, y creo que esto es algo que se refleja muy bien en la película.

Además de los emigrados también la cinta refleja los desahucios y el cierre de establecimientos tradicionales. Esto sigue pasando ¿Qué se te viene a la cabeza cuando escuchas a los políticos decir que estamos saliendo de la crisis pero vemos que los emigrados no vuelven y que se siguen cerrando pequeños comercios?

Muchas veces nos ponemos vendas de manera irracional o sin querer. A veces creemos que lo que está a nuestro alrededor está bien pero no lo está. Luego ves que se acerca a ti gente cercana y te dice que ha tenido que cerrar su negocio porque han puesto otro parecido al lado. Ahora también estamos viviendo el enfrentamiento entre taxis y VTC. Entonces te planteas si realmente no hay una manera de que conviva todo. Esto es difícil, pero soy optimista y creo en el diálogo.

Algo similar encontramos también en la película, el personaje de Xiao no es un estereotipo al uso, y es algo por lo que hay que abogar incluso en el cine. A veces se asocia que uno hace comedia, otro drama, otro de narcotraficante o de enganchado a la droga. De repente vemos el personaje de una chica china que quiere romper con los convencionalismos que le impone su familia. Les imponen que al tener cierta edad tiene que casarse o vivir de otra manera. Chacha Huang es una chica que ha viajado, que sabe español porque ha estado en el país. Nos dice que quiere enamorarse de quien quiera, trabajar de lo que quiera y si quiere viajar por Europa, hacerlo. Esto es algo que me gusta que se refleje en la película.

La película también critica la estupidez moderna con la moda de muffins, croquetas de colores, los gastrobares... ¿Eres más de taberna clásica o de postureo? ¿Cómo relacionas eso con algo muy español, el aparentar?

En Perdiendo el Norte también se veía mucho lo de aparentar lo que no somos. Es triste, es una imagen de la que se ha hecho mucha comedia. Hay gente que te pone buena cara pero realmente luego está sufriendo. Por eso la comedia viene del sufrimiento. Yo me considero una mezcla de todo, me encanta la comida tradicional, y también me gusta que me sorprendan con otras cosas. Me gusta que si nos comemos algo que tenga colores sea porque tiene colores, que está bueno. Si te lo comes y luego no sabe a nada... eso ya no es bueno.

¿Cómo llevas el chino? ¿Es un tópico que a los españoles se nos dan mal los idiomas?

He aprendido muy poco porque el chino es realmente difícil. A diferencia del alemán, que también me costó, este tiene similitudes con el inglés y te puedes agarrar a algo. Con el chino me tenía que aprender las frases de memoria, sobre todo en escenas donde tenía que decir fases largas. Ahora no te podría decir nada de lo que me tuve que aprender. Te quedas con cosas muy básicas como decir "Hola" o "Me llamo Julián". Chacha Huang me contó que lo primero que aprendió cuando llegó a España fue "Hola" y "Cerveza".

A mí personalmente me gustaría saber idiomas, pero por dejadez no me puse las pilas en su día. Las nuevas generaciones sí están más puestas. Pero sí, creo que a los españoles nos da un poco más de vergüenza hablar fuera en otro idioma. Sin embargo, los extranjeros que vienen a nuestro país lo hacen sin problema. Nos vemos ridículos a nosotros mismos, y eso es algo muy español.

Has demostrado que se puede presentar una gala de premios como los Feroz y tener trabajo después... Estás presentando una comedia potencialmente taquillera, en un mes se estrena la película de Almodóvar y, además, protagonizas serie en Movistar ¿Cómo llevas los distintos registros?

¿Por qué me siguen dando trabajo? Porque yo no fui una persona que en la calle empezó a gritar con un megáfono en la casa de un productor si son así o asá. Es comedia. Perdiendo el Este y la serie de Movistar sobre la antigua Roma son comedia, pero son muy distintas entre sí. El personaje de la serie es muy diferente a Braulio, aunque también tiene partes en común. Lo he disfrutado mucho porque es otro tipo de comedia. Creo que la comedia tiene muchos subgéneros, y he tenido la suerte de haber podido transitar por cada uno de ellos. La intervención en Dolor y Gloria es una intervención pequeña, descongestiono un poco la tensión dramática para hacerla más ligera. Creo que por eso confió Almodóvar en mí. Me hace mucha ilusión. Estar en la filmografía de Pedro es un honor.

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