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Sábado, 19 de Octubre de 2019

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"Se ha utilizado el hambre como arma de guerra"

La activista y miembro del movimiento de los trabajadores sin tierra de Brasil Janaina Stronzake describe la situación de la industria agroalimentaria, "tan estratégica como tener una bomba atómica" y reivindica la soberanía alimentaria para que la comida sea "un derecho y no una mercancía"

“Tener el control de los alimentos es tener el control de la población. Incluso la falta de alimentos está siendo usada como arma de guerra. Hay poblaciones aisladas ahora en zonas de Líbano, Somalia y otras que fueron dejadas sin alimentos para presionar a las fuerzas armadas a hacer un movimiento u otro, entonces se ve claramente que el alimento es tan estratégico como tener o no tener una bomba atómica, y el efecto de mortalidad y de control de las personas es el mismo”.

Es la valoración de una de las líderes del movimiento de los trabajadores sin tierra de Brasil, Janaina Stronzake. Desde hace casi cuarenta años este movimiento pelea por los derechos de los campesinos y por una industria que garantice algo tan importante como es la soberanía alimentaria, es decir, la capacidad de producir y de asegurar nuestros propios alimentos.

En mil novecientos ochenta más o menos cuando inició el camino el movimiento, el 50% de las tierras cultivables de Brasil pertenecía sólo al 1% de la población y el 30% de los brasileños vivía en situación de pobreza extrema con menos de un dólar al día. Janaina dice sentir tristeza y vergüenza por esa situación, y también por “cómo a través del voto la gente pone los gobernantes que pone, pero después de diez años de mejora en la vida de las personas, cuando cuarenta millones de personas han pasado a poder tener tres comidas al día, estamos ahora volviendo a lo que fueron los años ochenta: mucha más gente en la calle, con hambre, mucha más gente perdiendo escuelas, mucha más gente pendiendo tierras”.

Además, lamenta Janaina, actualmente “el agro negocio acaparador de tierra se está extendiendo cada día más sobre la Amazonía principalmente”, y “el genocidio de las Naciones Indígenas sigue ocurriendo y además ahora con el beneplácito del Gobierno general”. Esta situación empeora a raíz de la llegada al poder del ultraderechista Jair Bolsonaro. Sobre los errores de la izquierda brasileña, del Partido de los Trabajadores, para llegar hasta aquí, Janaina cree que se hicieron “políticas interesantes, pero no suficientes”, y destaca un error clave: “se ha posibilitado el consumo individual, pero no se ha puesto tanto énfasis en lo que son los bienes públicos colectivos, en despertar esa conciencia de la importancia del espacio público”, sino que el acento se ha puesto sobre el consumo privado.

En Brasil hubo 503 años de colonialismo, recuerda la activista, “de un capitalismo salvaje, de una súper explotación de las personas, de un alejamiento del pueblo de los espacios de educación, de cultura, de formación… entonces nuestra gente estaba sumida en una miseria durante quinientos años, pero una miseria material y también cultural, espiritual. Eso no significa que no haya una cultura riquísima desde el pueblo, pero toda esa cultura ha estado pisoteada” y solo durante diez años el pueblo ha tenido la oportunidad de “mirarse a sí mismo, tener orgullo, decir: podemos estudiar, podemos hacer carreras. Fue la primera vez en la historia de Brasil en que los hijos de la clase trabajadora, obreros y campesinos, hemos podido ir a la universidad”. Por eso, subraya que se trata de un primer proceso de emancipación tras quinientos años de historia, “casi 400 con esclavitud”, y no se puede culpar solo a los errores cometidos en estos diez años de la llegada de la ultraderecha al poder.

Algunas medidas del gobierno de Bolsonaro y se están notando entre el colectivo. Un ejemplo es que consideran “terroristas” a todos estos movimientos sociales, incluido el MST. Otro, que han empezado a “quitar las tierras de los campesinos y campesinas que ya la tienen conquistada y algunas grandes empresas transnacionales o grupos económicos empiezan a pedir de vuelta tierras que dicen ser suyas pero que fueron apropiadas ilegalmente”, defiende Janaina, que observa una falta de respeto de este gobierno incluso por las leyes burguesas que ya existen y teme que se esté volviendo a los tiempos en los que se producía “mucha persecución, masacres y asesinatos de campesinos”.

El alimento como derecho y no como mercancía estratégica de control de la población

Con respecto a la producción de alimentos para una población mundial creciente, Janaina asegura que hoy día hay capacidad de producir alimentos para doce mil millones de personas, y nuestra población ahora está un poquito por debajo de siete millones. Sin embargo, cree que se debería repensar la tendencia al aumento de la población por la falta de nacimientos, y que si cuando en los años cincuenta y sesenta, que los gobiernos apostaron por la revolución verde como método para producir más alimentos dejando de lado una manera de producir agroecológica, se hubiera invertido más, “seguramente hoy día el mundo no estaría afrontando las crisis ambiental y energética que estamos teniendo y tendríamos probablemente más producción”. Ante esto, propone como solución “la agroecología en el marco de la soberanía alimentaria”.

Otro aspecto es el precio de los alimentos que consumimos, marcado por las bolsas internacionales, en especial la de Chicago. El 90% del precio de los alimentos se lo quedan los intermediarios, “unas pocas empresas que forman el agronegocio”, mientras que a los campesinos les llega el 1 o 2% del total y son paradójicamente el sector con más hambre del mundo. Janaina defiende que “tenemos que apostar por la producción local de los campesinos, a través de asociaciones o ferias, para que la comida producida localmente sea consumida localmente y así hacer un equilibrio de la biodiversidad del planeta”.

El MST reivindica que los alimentos no estén dentro de los acuerdos que promociona la Organización Mundial del Comercio. “El alimento tiene que ser un derecho y no una mercancía, las personas no necesariamente tienen que tener mucho dinero para poder comer bien y saludable”, insiste Janaina, en contra capitalismo en el que el alimento “es una mercancía estratégica” para controlar a la población.

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