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Sábado, 07 de Diciembre de 2019

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'Roma' y la visibilidad de las empleadas del hogar: "Refleja la precariedad y la renuncia pero no hay nada de rebeldía"

Las asociaciones de trabajadoras del hogar en España aplauden la visibilidad que la película de Cuarón, nominada al Oscar, ha ofrecido, pero reivindican su posición como sujeto sindical

Fotograma de 'Roma', la película de Alfonso Cuarón protagonizada por una empleada del hogar interna en una casa de la burguesía mexicana de 1971 /

A estas alturas de la temporada cinematográfica, nadie duda de la calidad artística de Roma, la película del año, dirigida por el mexicano Alfonso Cuarón. Ganadora del León de Oro en Venecia, abanderada -a su pesar- de la lucha de Netflix, y con diez nominaciones a los Oscar, entre ellos mejor película. Pero ¿Qué aporta Roma, sobre todo para las mujeres a las que retrata? ¿Es otra película hecha por un cineasta burgués para sentirse mejor?

"Visibilidad y, además, ha abierto el debate sobre la función y la situación de las empleadas del hogar en la sociedad", responde Carolina Elías, presidenta de SEDOAC, una asociación de empleadas del hogar de España. En México, coincidiendo con su estreno, la Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró anticonstitucional el artículo que dejaba sin obligación de dar seguridad social a las trabajadoras del hogar. Las trabajadoras han salido en muchos medios de comunicación y han protagonizado debates y coloquios después de proyecciones de la película. En Estados Unidos, donde muchas mujeres latinas trabajan como internas, se ha impulsado este año la primera Carta de Derechos para las Trabajadoras del Hogar.

Roma, para el que no la haya visto en cines o en Netflix, cuenta la historia de una empleada del hogar que vive y trabaja en la casa de una familia progre y burguesa en Ciudad de México en 1971, un año convulso políticamente, lleno de huelgas y manifestaciones, que eran aplacadas por la policía, acabando en hechos tan sangrientos como la llamada Matanza del Corpus Christi. "La película muestra muy bien la situación de precariedad y renuncia a sí misma, a tener una familia, una vida sexual. En ese sentido lo refleja todo muy bien y permite abrir un abanico de reflexiones en torno a la empleada del hogar y lo que la sociedad debe hacer".

Lo vemos en las escenas en las que la madre grita a Cleo -personaje que interpreta Yalitza Aparicio, primera actriz indígena nominada al Oscar. Pero también en cómo la familia decide llevarla de vacaciones únicamente para que esté pendiente de los niños. Cómo tienen que reparar la pared que destroza con el coche. O cuando vemos el cuarto en el que vive, situado fuera de la casa y mucho más pequeño y con menos comodidades. Esa es otra realidad a la que todavía hoy, en 2019, se enfrentan muchas empleadas del hogar internas aquí en España. "Duermes en la misma casa y no puedes dormir fuera sin permiso. Ni siquiera a veces pueden comer lo que ellas quieran, se acomodan a lo que la familia quiera comer. O incluso hay casos en que les dan una comida más barata a ellas. Por no hablar de la habitación, muchas veces en el sótano, sin ventana, o duermen con los niños", añade la responsable de SEDOAC.

Las asociaciones están preocupadas por el aumento de trabajadoras internas desde los años de la crisis. También porque desde entonces, todo lo que prometía la ley aprobada en 2012 no se ha cumplido. "Seguimos sin tener la igualdad legal de derechos con respecto al resto de trabajadores. No tenemos paro, no podemos cotizar el salario entero, no tenemos derecho a paro, ni a despedo porque el empleador te puede despedir sin ninguna prueba. A esa desigualdad legal le añadimos que muchos empleadores tienen a las trabajadoras en situación de esclavitud, que trabajan más de 16 horas y sin estar reguladas. Todos necesitamos alguna vez en la vida cuidados externos, por eso es tan importante que estén regulados", reclama Carolina Elías.

"Cuando pides un día libre para ir al médico o porque estás enferma, lo primero que oyes es '¿y yo ahora con quién dejo a los niños?'. Se nos priva de derechos que puede tener cualquier otro trabajador o trabajadora en España y en el mundo". Tampoco ayudó a que la Ley de Dependencia del PSOE no se desarrollara del todo: "La dependencia no puede recaer en la explotación de las mujeres. Eso tiene que cambiar, espero que eso se note en el voto", decía Carmen Juares, de la Asociación de Mujeres Migrantes en Cataluña.

Hay más similitudes. Por ejemplo, la renuncia total de la protagonista del filme a todo lo que no sea la familia para la que trabaja. "Lo primero que te preguntan en una entrevista es si eres soltera, si tienes pareja o hijos porque generalmente necesitan a alguien a tiempo completo. Entonces te están diciendo que renuncias a tener familia y a tener vida. Es lo que refleja Roma, donde no aparece la familia de la protagonista".

Juares dice que Cuarón ha sido muy valiente por poner de protagonista de su película a una mujer racializada, empleada del hogar y que habla su idioma, el mixteco. Sin embargo, tiene algunos matices que hacer a la representación de esta mujer. "Me chocó el buenismo y paternalismo hacia el personaje", reconocía. Cleo tiene una relación con un chico, se queda embarazada, pero "hasta en el parto es la familia quién decide cómo y dónde tiene que tenerlo, ella es sumisa hasta en ese momento", insiste Juares.

"A mí me sorprendió la actitud tan sumisa de la protagonista". Dice Carolina Elías. "A lo mejor así lo percibía el director, pero en general, las mujeres empleadas del hogar también somos mujeres que nos informamos y nos formamos. En el caso de las extranjeras que venimos a España, muchas tenemos estudios y formación, pero es el único nicho laboral en el que podemos entrar", hablaba esta empleada del hogar que vino hace nueve años a Madrid desde El Salvador. Dice que la peor parte se la llevan las mujeres que no tienen papeles. No pueden denunciar si han sufrido racismo o abusos sexuales. "El problema de las extranjeras es que no tenemos las mismas redes de apoyo que tiene una autóctona".

El problema no es solo que no esté recompensado su trabajo económicamente; sino que tampoco está reconocido en la sociedad todo lo que estas mujeres aportan. Es lo que la socióloga estadounidense Arlie Russell Hochschild llamaba "plusvalía emocional". Las empleadas del hogar no solo limpian o cocinan, también cuidan a niños y mayores y eso es difícil de cuantificar económicamente y eso, decía la autora, que el capitalismo ha comercializado hasta con la maternidad. "Por supuesto que vuelcas tu cariño en esas familias, muchas veces ves a esos niños más que sus padres y a los ancianos más que sus familiares", explicaba Carolina Elías.

Una de las opiniones extendidas es que hay una relación de sororidad entre la madre de la familia y empleadora que interpreta la actriz Marina de Tavira -también nominada al Oscar- y la empleada o cuidadora. Para Carmen Juares no es así: "Me parece una relación perversa. Yo he sido interna y es cierto que no te sientes explotada porque asumes que ese es tu papel en la sociedad y que para eso te están pagando, pero luego te das cuenta de que no es así. En este personaje me sorprende que no hay un atisbo de rebeldía".

Cleo está atrapada en una trampa que la esclaviza, escribía el filósofo Slavoj Zizek en la revista The Spectator, en un artículo que cuestionaba la mayoría de los análisis sobre Roma. Venía a decir que Cuarón sí está mostrando un despertar reivindicativo de la protagonista en la elección formal y cinematográfica de las escenas más importantes, como la de la playa, donde Cleo salva a los niños a pesar de no saber nadar. También en una frase que para el filósofo pop invita a la liberación del personaje: "Tengo mucho que contarte”. Es lo que le dice la protagonista a la otra empleada del hogar cuando regresan a la casa familiar. Quizá si Roma tuviera una segunda parte, podríamos ver si Cleo empieza a ser consciente de su alienación.

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