Jueves, 27 de Enero de 2022

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El dietario de Ramoneda

¿Quién garantiza el derecho a la vivienda?

Josep Ramoneda analiza el desahucio del edificio madrileño de la calle Argumosa, 11, símbolo de la especulación inmobiliaria y sus efectos; y la pugna en la derecha, que lleva al PP y a Ciudadanos a extremar sus posiciones

Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Lo dice el artículo 47 de la Constitución. ¿Quién lo garantiza? Nadie. Un derecho sin los instrumentos para implementarlo es una burla. El desahucio del edificio madrileño de la calle Argumosa, 11, símbolo de la especulación inmobiliaria y sus efectos, nos coloca una vez más ante la impotencia de la ciudadanía frente a un mercado al que los gobiernos son incapaces de poner límites. Cada día se producen más de cien desahucios en España. Y como el juez ha advertido a una afectada: ni hay espacio para la resistencia. Oponerse puede ser delito. O sea, que en España la vivienda no es un derecho por más que la Constitución lo diga.

Y, mientras, la política, lejos de la vida, sigue con sus batallitas. Definidos los bloques de la inminente pugna electoral ahora empiezan las querellas internas. Y Ciudadanos se muestra especialmente inquieto. Los furores patrióticos le han llevado a enterrar la fantasía liberal que algún día pronunció. Y han acabado en la ruta del autoritarismo, con unos socios que les ganan en títulos y experiencia en esta materia. Ciudadanos teme quedar relegado al papel de segundón de la derecha. Y busca como plantar cara al PP, el jefe de su vecindario. Un tándem de jóvenes que siempre hablan enfadados –Rivera y Arrimadas- contra el alegre y ruidoso representante del conservadurismo patriótico y autocomplaciente –Pablo Casado. Este es el cartel. Pero la política es el mundo del recelo. Y algunos ya especulan con el futuro: ¿Y si Arrimadas en vez de ayudar a Rivera a ganar le quitara el sitio? No hay tiempo para alegrías en la vida política. Donde ven la solución, ven la celada.

La derecha ha entrado en vía de agitación en la que todo es posible. No hay ideas, solo ruido y furia. Dos ejemplos: Vox, en su delirante campaña de sospecha contra las denuncias de violencia de género, se lanza a la caza de brujas de los funcionarios andaluces que evalúan los casos. Arrimadas y los suyos se van a Waterloo. Vamos a decir a Puigdemont que la República no existe. Con lo cual lo único que consiguen es dar reconocimiento el expresidente catalán, que es lo que busca. A la caza de golpes de efecto, los ridículos se acumulan.

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