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Miércoles, 13 de Noviembre de 2019

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'Las herederas', decadencia y deseo entre lesbianas de clase alta

El director paraguayo Marcelo Martinessi explora la marginalidad de las clases altas a través de la relación estancada de una pareja de lesbianas y su búsqueda luminosa del deseo y la libertad

El realizador, que dirigía la primera televisión pública del país cuando fue destituido en un juicio político el presidente Fernando Lugo, se rebela contra el egoísmo de la alta sociedad en la que creció

Chela (Ana Brun) y Angy (Ana Ivanova), en una escena de 'Las Herederas': ¡Atrévete! /

Dice Marcelo Martinessi que todos tenemos una tía abuela como Pituca. Una señora clasista, cotilla e imprudente que siempre tiene una opinión de los demás. "Recuerdo de niño que estaba debajo de la mesa mientras estas señoras jugaban al naipes, descubrí el chisme. Hay mucho oído personal en la película, me impresiona que en cualquier país, todos conocen a alguien como ella, de cuya boca salen cosas atroces. Si lo lees en el guion sería una antiheroína, pero al ponerlo en imágenes te conmueve. Esa es la magia del cine". 

El director paraguayo lleva así parte de sus experiencias, ese universo infantil rodeado de mujeres y su descontento de clase, a su primera película, Las Herederas, una drama íntimo sobre la decadencia de la alta sociedad de su país, esa que hereda bienes pero también prejuicios y privilegios. Martinessi coloca en el centro de la historia a dos mujeres mayores con una relación amorosa deteriorada. Con un juego de puertas entreabiertas, cortinas y sumisión simbólica, desarrolla un ejercicio contenido sobre la sexualidad, el deseo femenino y la libertad.

En un país católico y conservador, la cinta despertó polémica en los sectores políticos y sociales más reaccionarios, pero también sirvió para colocar en el centro del debate mediático a las mujeres lesbianas. Convencido del poder del cine como motor social, el director teje un relato complejo y delicado sobre mujeres reales, poderosas y débiles, depresivas y vitales, sobre, asegura, todas esas que están entre las santas y las heroínas

¿De dónde nace este universo femenino?

Me crie en un mundo de muchas mujeres, de madres, abuelas, tías abuelas, vecinas, hermanas… Siempre, creo que cuando es tu ópera prima, tu primer trabajo, cuando quieres hablar de mil cosas, uno busca un lugar seguro. Y para mí ese lugar seguro son las voces de esas mujeres, y a partir de ahí empecé a tejer algo que fue tomando forma en la historia de esta pareja. Dos mujeres que están cansadas de la vida, de sí mismas, de su relación, con una crisis económica también… A partir de todo esto, de esa caída, se permiten conocer otros mundos.

Hay un retrato de la decadencia de una clase social y cómo se hereda la sumisión

Se heredan bienes, como el auto, la casa, la platería, pero también se heredan prejuicios, preconceptos, como una enfermedad genética. De generación en generación se pasan un montón de vicios atroces, eso está en el centro de la película. Esta clase social que tuvo romances con dictaduras, que es un poco culpable de la enorme situación de desigualdad de mi país, me parecía que, en la marginalidad de esa clase social, hay historias como ésta, me interesa narrarlas con esta particularidad.

¿Por qué enfocas el conflicto en esa clase social?

Es la clase social que más conozco. En Paraguay, al ser un país tan clasista, me costaría mucho hablar de la intimidad de una familia muy pobre porque no la conozco mucho. Por más que pueda acercarme, mi primera barrera para narrar la historia de una familia en otra situación económica sería que la mayoría habla guaraní. Por desgracia, yo no lo hablo. Hice cortos, como Karai norte, que es sobre el abandono de una mujer muy pobre en un rancho en la revolución del 47. Casi siempre tomé a otros autores, tomé novelas o cuentos cortos que podía adaptar. Para escribir, necesito cercanía con los personajes. Esta clase social se parece mucho a mis tías abuelas, como hablaban la una de la otra, del marido… También tenía la película cosas como la bandeja o la venta de bienes, cosas que vi en el algún momento de mi vida.

Y además hay un conflicto de clase, las empleadas del hogar, la cárcel de mujeres…

Paraguay es un país muy clasista pero está todo bajo la superficie. Intentan disimular, como que somos un país, de alguna manera, distinto. Hay muchos conflictos que hay que hurgar desde fuera para verlos. El cine tiene ese lugar, el de profundizar en entender dónde estamos. En Paraguay necesitamos reflexionar sobre eso, es un país que se piensa muy poco a sí mismo.

El director Marcelo Martinessi / BTEAM PICTURES

¿Eres un creyente del cine como motor social, como herramienta para retratar los problemas de un país?

El cine tiene la capacidad de transformar y cuestionar a las personas, no de transformar la sociedad. Las personas tienen que tener ese valor. El cine es muy importante, el arte en general, ocupa el lugar en el que fracasaron los políticos, para entender a sus sociedades y transformarlas.

En la exploración de la relación amorosa, del deseo, también hay un vínculo de anulación entre esas dos mujeres y una búsqueda de libertad

Me gusta que, al terminar de ver la película, algunas personas se ponen del lado de Chela –pobre mujer que la anulan y la dominan- pero también hay fans de Chiquita, que dicen que convive con una persona tan deprimida y tan triste que lo único que te queda es empujar a la vida y tratar de salir adelante. Del alguna forma, creo que esas parejas tienen ese modus operandi que desde fuera no se entiende, pero era muy importante hablar de un proceso en el que en esa caída de esta mujer surgían un montón de nuevas posibilidades.

Lo has centrado en una relación homosexual, ¿por qué? ¿es algo que se vive en tu país solo de puertas para dentro?

No me imaginé que en Paraguay la película fuera a ser tan provocativa y problemática para gente que no la aceptaba porque en el centro había la relación de dos mujeres. Para mí lo interesante de la cinta no pasaba por la vida sexual de las mujeres, sino por un montón de otras cosas, pasaba por envejecer, por una crisis de pareja, por una crisis económica… En algún momento del proceso, lo imaginé. Paraguay es un país sumamente conservador, sería más fácil de entender la relación de un hombre y una mujer, pero esta historia merecía el lugar de las mujeres. En Paraguay a los hombres se nos cría para tener todas las respuestas. Y el lugar ese de cuestionar o de la fragilidad es casi exclusivamente femenino. Y yo quería hacer una historia en la que pudiera cuestionar, hacerme preguntas acerca de la sociedad. Y por otro lado, encontraba muy atractivo filmar en la cárcel de mujeres, en una verdadera. Es un sitio donde muchas mujeres tienen mayor aspiración de libertad, o se sienten mucho más libres que fuera de la cárcel. Dentro de esa prisión, las mujeres tienen una honestidad con sus cuerpos, con sus deseos, que es mucho mayor que la vida restringida de fuera de la cárcel, sobre todo en la clase alta, en la élite.

¿Cómo es la situación para los homosexuales en su país?

Paraguay es todavía un país muy homófobo, tiene gran influencia la Iglesia católica, es atroz en toda su influencia en el Estado paraguayo a lo largo de la historia.Por hacer esta película, tuvimos mucha relación con un colectivo de defensa de las mujeres lesbianas y ha sido muy interesante escucharles. Dicen que llevan 10 años peleando para tener un espacio mediático, para hablar de sus reivindicaciones, y ahora con ‘Las herederas’ tenemos todos los medios con ganas de hablar. Es un primer paso pequeño para que se abran algunas puertas y para que, de alguna manera, empiece a haber mayor visibilidad. Para cualquier sociedad, en la diversidad está su riqueza. Un país que no se entiende o no se ve como un país diverso es un país que está perdiendo un montón de oportunidades. A pesar de ser un país homófobo, la mayoría de la prensa ha sido gentil con la película, han abrazo la película como una obra de arte, no como una cinta de lesbianas, como mucha gente homófoba intentó ponerla.

En ese trabajo de visibilización, el cine latinoamericano está generando muchos títulos, el año pasado ‘Una mujer fantástica’, se acaba de estrenar en la Berlinale la película guatemalteca ‘Temblores’, ¿abandera la ficción cambios sociales que no están cristalizando políticamente?

El arte en general trabaja en aquellos lugares en los que los políticos fracasaron. En América Latina, el gran fracaso de nuestros sistemas políticos es no haber entendido que los presidentes son para todos los habitantes de un país, no solo para un sector. Lo que estamos viendo ahora, que a mí me preocupa mucho a nivel regional, es está gran ola derechosa que hay en Argentina o Brasiles, países que en los últimos años han aportado mucho en políticas sociales y han tenido mucha apertura. Me hace repensar muchas cosas, me cuesta mucho entender lo que está pasando. En mi país, existe la posibilidad de que a partir del cine hablemos y entrar a repensarnos en lugares donde el espacio político e incluso mediático no llega.

Usted dirigía la primera televisión pública de su país cuando fue destituido el presidente Fernando Lugo, ¿cómo fue ese proceso y cómo cambió tu visión hasta llegar a la película?

‘Las Herederas’ es hija de ese proceso. En la televisión pública nos pasó que hubo un pequeño momento de gobierno de tinte progresista en Paraguay y un grupo de gente muy lindo y muy querido para mí, pensamos que a través de la televisión pública podíamos cambiar el país. Éramos muy jóvenes, muy soñadores, muy inocentes, y llegó el golpe de Estado y nos dimos cuenta de que no era tan así. Aunque esa televisión pública no cambió al país, sí nos cambió a nosotros. Me dio una perspectiva mucho más amplia, la posibilidad de ver mucho más al país al que pertenezco y, al pasar por el golpe de Estado, sentí una pérdida del lugar, de pertenencia a una clase privilegiada, porque esa clase había apoyado el golpe. Yo no quiero ser como ustedes, no quiero pertenecer a esa élite podrida que va a hacer cualquier cosa para mantener sus privilegios. Esas experiencias son muy transformadoras y ‘Las Herederas’ tienen mucho que ver con ese proceso.

¿Por qué es una película para el 8-M?

En la historia de Paraguay siempre se intentó ubicar a la mujer en la posición de heroína. Estuvo muy presente en la reconstrucción del país después de las guerras, prácticamente los hombres fueron aniquilados. Lo que me gusta de que la película esté alrededor del Día de la Mujer aquí en Madrid tiene que ver con que hay muchos tipos de mujer. No tiene que ubicarse solo en ese lugar de santa o heroína, como la intentan ubicar hoy el discurso político, mediático e incluso religioso en Paraguay, sino que tiene que ver con todas las mujeres. Me encanta que la película tenga mujeres chismosas, viciosas, mujeres que no saben lo que quieren… De todo tipo, porque de alguna manera es un lugar más gentil para cualquier ser humano. No buscar esas cargas de los falsos heroísmos.

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