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Miércoles, 18 de Septiembre de 2019

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Peleas de socios pero enemigos

Josep Ramoneda analiza el momento preelectoral en el que se están incrementando las tensiones en los bloques de la derecha y el independentismo; y los problemas para aprobar la Tasa Google en la Unión Europea

En el actual momento preelectoral las peleas de familia acaparan el protagonismo político, provocando una radicalización de los discursos. Pelear contra los vecinos ideológicos genera una subasta verbal para demostrar quién es el más auténtico de todos. Es lo que ocurre en la derecha, en que la competencia está en quién es más gritón contra el independentismo y contra Sánchez, y ocurre también en el independentismo donde el nacionalismo conservador y Esquerra Republicana tienen todos los sentidos puestos en la lucha por la hegemonía en el espacio secesionista. En este contexto estas elecciones podrían batir un récord de cabezas caídas. A la salida casi anunciada de Pablo Iglesias, si el tripartito de derechas no suma podría unirse la de Albert Rivera, como prenda para un pacto con el PSOE, y la de Pablo Casado. En el PP son muchos los que están a la espera de un mal resultado que ponga fin al delirio neoaznarista de su actual líder.

En esta clave de pelea de socios pero enemigos esta la última fantasmada de Puigdemont. “Si tengo el acta de diputado europeo vuelvo a Cataluña”, ha dicho. Un regreso con la pretensión de provocar que el parlamento catalán le elija presidente. Humo. Ni puede conseguir el acta que le daría inmunidad sin pasar por Madrid y, por tanto, ser detenido, ni puede tener escaño en el Parlamento Europeo y en el catalán a la vez: es incompatible. O sea, puro ruido con la disputa con Esquerra Republicana en el punto de mira. Jugar a hacer política es mala fe, decía Sartre. Y más en un momento delicado como el actual.

Europa sigue siendo víctima de sus déficits estructurales. Y uno de los más sonados es la incapacidad de imponer a los Estados una cierta armonía fiscal. Con los dineros hemos chocado. La tasa Google parecía de elemental justicia. Es aberrante que empresas multinacionales todopoderosas se enriquezcan a mansalva en nuestros países y salgan fiscalmente de rositas. Y así seguirá siendo. Irlanda, Dinamarca, Finlandia y Suecia han vetado la tasa que tenía que paliar mínimamente esta injusticia. Y nadie se inmuta. ¿Redistribución social en Europa? Sí, pero al revés, de abajo arriba.

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