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Domingo, 13 de Octubre de 2019

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La Junta Electoral Central debería castigar con severidad estas prácticas, porque publicar noticias falsas no es mentir, es hacer trampa

Estamos rodeados. Han cambiado los tiempos, cambian los enemigos, sus estrategias, y aún no hemos descubierto la manera de combatirlos. Sólo los dirigentes de un partido presuntamente nuevo, como Ciudadanos, recurren a técnicas viejas, como el pucherazo, para imponer su voluntad, y lo hacen tan mal que les sale al revés. Todo lo demás es fake, noticias falsas, campañas de desinformación, pura ficción nacida de la manipulación sistemática de la realidad.

Creo que la Junta Electoral Central debería estar menos pendiente de los recursos de la oposición y afrontar el peligro más grave entre los que se ciernen sobre la libertad del electorado español y la imparcialidad de las campañas que nos esperan. Ahora la necesitamos más que nunca, para que aclare, por ejemplo, la situación de un hipotético europarlamentario llamado Carles Puigdemont, que ya en las últimas elecciones catalanas prometió que si era elegido volvería, y no ha vuelto. Desde Bélgica, Puigdemont puede prometer lo que se le ocurra. Mientras dure el dinero, siempre podrá quedarse en Waterloo y seguir prometiendo que va a volver. Existen casos mucho más groseros, como la noticia que difundió Vox sobre las feministas que pegaron a unas niñas por no ponerse un lazo morado, por ejemplo. Luego lo desmintieron, dijeron que les habían engañado, pero el mensaje sigue circulando alegremente por las redes.

La Junta Electoral Central debería castigar con severidad estas prácticas, porque publicar noticias falsas no es mentir, es hacer trampa. Las fake son los pucherazos del siglo XXI, ni más ni menos.

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