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Emociones que dejan huella

¿Cómo nos pueden ayudar los animales a sobrellevar una enfermedad neurodegenerativa como el Alzhéimer? Lo descubrimos esta semana de la mano de PsicoAnimal y la Cátedra de Animales y Sociedad de la URJC

En la actualidad, hay más de 47 millones de personas en el mundo diagnosticadas de alzhéimer y se prevé que en 2040 la cifra aumente hasta los 100 millones. Una enfermedad degenerativa que provoca que los recuerdos se borren poco a poco, que borra a la persona que la padece hasta que no queda nada de ella.

No existe cura para el alzhéimer, pero los expertos recomiendan mantener a los enfermos lo más activos posible a nivel físico y cognitivo. Numerosas asociaciones y centros médicos llevan a cabo terapias de distinto tipo para hacer más llevadera la enfermedad a los pacientes y a sus familias.

Esta semana en nuestros bancos hablamos de 'Emociones que dejan huella', un programa de terapia con perros que lleva a cabo la Cátedra Animales y Sociedad de la Universidad Rey Juan Carlos y la asociación PsicoAnimal junto a la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzhéimer en Madrid. El programa se desarrollará durante cinco meses y permitirá conocer hasta qué punto el "mejor amigo del hombre" ayuda también a mejorar esta enfermedad. "Nuestro objetivo es poder dar una buena calidad de vida a lo pacientes durante y después de la terapia con los perros, darles las claves para trabajar con ellos", confirma Nuria Máximo, coordinadora de la Cátedra.

Cada dos semanas, personas como Mari, Rosa o Miguel acuden a su cita con Hebe, Zenit y Dogui, los tres perros encargados de la terapia asistida. En una enfermedad en la que cada vez son menos autosuficientes, "el poder cuidar del perro y tener el sentimiento que vuelven a ser útiles, les genera muchos sentimientos positivos", afirma Rocío Fernández, psicóloga experta en intervenciones asistidas con animales en y directora de 'Emociones que dejan huella'. Durante todas las sesiones se juega a recordar emociones, sentimientos y memorias del pasado que sirven de "entrenamiento" para frenar lo máximo posible la degeneración neurológica. "El perro actúa de canalizador de las emociones positivas, les hace recordar tiempos pasados".

Tras una hora de sesión, los pacientes se despiden del perro con una sonrisa en los labios: "Estar con Hebe me ha hecho recordar a cuando era pequeña, siempre he tenido animales en casa de mis padres. Me transmite mucha paz", comenta Mari. Ellos no podrán disfrutar de una cura para el alzhéimer, pero junto a Hebe, Dogui o Zenit intentarán no olvidar nada.

 

 

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