Últimas noticias Hemeroteca

Lunes, 14 de Octubre de 2019

Otras localidades

¿Matan las personas o matan las ideas?

El asesino neozelandés es un supremacista. Pero los primeros escalones de esta ideología mortal se expanden por otras: el odio al otro, el racismo, el patriotismo, el chovinismo, la exclusión, la violencia

El asesino de cincuenta ciudadanos musulmanes en Nueva Zelanda, seguramente sea un desequilibrado. Algo torcido se metió en su cabeza y no supo, o no quiso, expulsarlo. El por qué lo dirán, quizá, los científicos.

Pero de momentos ya sabemos qué fue esa cosa torcida que infiltró su cerebro: unas ideas aberrantes.

En un manifiesto público explicó cuáles son:

- Que había que “cometer una barbarie para evitar otra mayor”

- Que había que enseñar a los invasores (o sea, los humildes inmigrantes) que nuestras tierras jamás serán sus tierras” (como si el título de propiedad tuviera color de piel)

- “Que nuestra patria nunca será la suya”, (así que esa patria es pura basura)

- “Al menos mientras el hombre blanco viva” (hombre y blanco, fatal combinación si es en modo agresivo)

- “y que nunca conquistarán nuestro país y nunca sustituirán a nuestra gente” (como si ellos no fueran también su propia gente, miembros de su mismo género humano)

El asesino neozelandés es un supremacista. Pero los primeros escalones de esta ideología mortal se expanden por otras: el odio al otro, el racismo, el patriotismo, el chovinismo, la exclusión, la violencia…

Solo con gestos, abrazando a los familiares, firme, triste, huesuda, tocada con un pañuelo, la primera ministra, Jacinta Ardern, ha hecho más para desacreditar esas ideas que miles de discursos. Ha dicho, sin necesidad de proclamas, que las víctimas son su gente. Nuestra gente.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?