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Beatriz Esteban: "El problema de las cárceles es que no cumplen su función reeducadora"

Su experiencia como voluntaria en una prisión valenciana dejó huella en la escritora. Una vivencia que ahora pasa a la ficción con un trabajo con componente social

Con su primera novela, Seré frágil, narraba su propia experiencia con un trastorno de la conducta alimentaria, la anorexia. Ha sido finalista del Premio Jordi Sierra i Fabra para Jóvenes. Ganó la segunda convocatoria del Ripley de Ciencia Ficción y Terror con el relato Niña caducada y publicó Aunque llueva fuego. Su último trabajo, Presas, está ambientada en una prisión. Macarena Berlín conversa con la escritora Beatriz Esteban.

Esteban realizó un voluntariado en la cárcel de Picassent, en Valencia, y de ahí nace su Presas. "En el momento en el que comenzamos el voluntariado, empecé a conocer esos rostros, historias y puse nombre a los que antes habían sido simplemente delincuentes". Relata que a partir de ese momento supo que iba a escribir sobre ello. Una novela que habla de esa vida privada de libertad. Cuenta con siete narradores, pero la escritora destaca a dos: Leire y Azahara. Dos puntos de vista diferentes que forman la épica de esta narración.

Leire es una bailarina de 19 años voluntaria en la cárcel y Azahara es una de las presas que reside en el módulo de madres. La historia de estas dos mujeres se entrelaza con otras. Se encuentra la relación entre ambas, con sus anhelos, miedos y pasados. "Leire tiene una culpa que arrastra, que la tiene prisionera y trata de lidiar con ella a través de ayudar a otros". Por el lado contrario, Azahara es presa físicamente, pero también mentalmente, "presa de su situación", comenta Esteban. "Está envuelta en una situación de violencia de género bastante grave y no es consciente de ello".

"Me impactó tanto el contraste entre lo que yo creía que era la cárcel y lo que me encontré que tenía que guardarmelo, al menos para mí, en forma de historia". Presas juega con los conceptos de culpa, prisión o perdón a través de la escritura, con la huella de la experiencia y realidad que Beatriz vivió.

En Presas, Esteban no victimiza en ningún momento a los personajes. Para la escritora era importante hacer crecer a estos desde su humanidad, sin etiquetas de "buenos" o "malos". "Me daba miedo al publicar esta novela caer en el buenismo", y continúa explicando que "al denunciar esta falta de reinserción o denunciar estas situaciones que se ven en la cárcel, la gente lo entendiera como que estaba justificando o perdonando". El mensaje que Esteban quería mostrar con este escrito es "ver las historias, consecuencias y lo que ha llevado a la persona a estar como esta".

Seré frágil, su anterior novela, nació con la intención de volcar en el papel aquello que Esteban quería dejar atrás. Recuerda la autora que lo que sintió antes de Presas no quería que se convirtiese en algo meramente anecdótico. Destaca Beatriz el alto componente social expuesto en su novela y señala: "El problema de las cárceles es que no cumplen su función reeducadora". Un elemento que llamó su atención y sentencia que "muchas veces nos quedamos con lo destructor de la persona y olvidamos que no nos diferenciamos tanto de los que están allí dentro".

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