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Lunes, 18 de Noviembre de 2019

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"No somos más ecologistas por tener un árbol cerca"

Ramón Del Castillo, filósofo y autor de "El jardín de los delirios" (Turner Noema)

El encuentro del hombre con la naturaleza /

La última semana ha estado marcada por el debate sobre la España vaciada. Las dos "españas" ahora son la vaciada y la llena. Le hemos preguntado a Ramón Del Castillo, profesor de filosofía contemporánea y estudios culturales de la UNED y autor de "El jardín de los delirios" (Turner Noema),  si antes de llenar la España vaciada no habría que saber por qué se vació. Y como repregunta, que en filosofía se pregunta y repregunta  ¿Antes de que un "urbanita" se plantee volver al campo y llenar lo que se vació, habría que explicarle que aquello no es como ir a comprar leche fresca en Malasaña con camisa de cuadros, barba de leñador y una bicicleta de un solo piñón? La respuesta de Ramón Del Castillo la fundamenta en un artículo sobre Soria de José Manuel Navia en National Geographic, que dice que "la gente abandonó la provincia por los caminos que se utilizaron para reforestarla. Paradójicamente, por donde iban entrando los árboles, salían las personas"

"El jardín de los delirios" es un ensayo donde la reflexión de Ramón Del Castillo te hace ver la "bobería" con la que nos hemos relacionado en los últimos dos siglos con la naturaleza. Y lo hace con contundencia y mucho sentido del humor. Hay pasajes que relacionan lo tontería del urbanita campestre con el debate del vaciado de lo rural. "Si nuestros abuelos de orígenes rurales hubieran vivido lo suficiente para ver cómo nos comportamos un fin de semana en el campo, amando a la madre naturaleza, quizá habrían acabado mentando a la madre que nos parió. Ellos salieron corriendo del campo hacia la ciudad huyendo de un mundo atroz, y celebraron el dichoso día en que lograron vivir rodeados de asfalto y hormigón. Nosotros, en cambio, nos hemos asfixiado en las ciudades y ahora tratamos de huir en dirección contraria hacia un campo totalmente idealizado. Si viviéramos realmente a la intemperie en plena naturaleza, o lleváramos una vida verdaderamente rural entre pastos y corrales, cuadras y silos, correríamos de nuevo hacia la jaula de la civilización y nos ataríamos nosotros mismos el collar, como los perros caseros que se escapan, pero regresan sumisamente a su caseta magullados, hambrientos y con el rabo entre las piernas" . Si entendemos  este argumento antes de tomar decisiones de política demográficas, nos irá mejor seguro.

Ramón Del Castillo en su ensayo apunta a lo artificial de lo que el llama la verdificación de la sociedad, "no somos más ecologistas por tener un árbol cerca, estamos obsesionados en las ciudades por verdificar, hay como un culto a la verde y nos olvidamos que las piedras también son naturaleza". Vivimos un momento esquizofrenico  en nuestra relación con la naturaleza , continúa Del Castillo, que cree "que en la ciudad lo llenamos todo de verde, de jardines, y luego cuando vamos al campo nos ponemos a tener experiencias como exploradores, y eso nos termina volviendo locos". 

Para esta verdolatría humana Ramón Del Castillo tiene su propia y casi particular teoría filosófica y es que "hasta hace poco las sociedades sustituyeron a dios por la humanidad, pero como la humanidad va de culo y a dios lo matamos, hemos sustituido al hombre por la naturaleza". Incluso hemos mercantilizado la naturaleza, porque el mercado lo termina aprovechando todo, sea dios, el hombre o el bosque. De hecho , hoy hay ofertas naturales para todas las economías. Todas con un fin, sufrir porque "cuando vas a la montaña ya no te vale disfrutar dejando pasar las horas bajo una sombra, necesitas encaramarte al árbol o tirarte por una cascada para volver diciendo que has tenido una experiencia y has estado al borde la de la muerte". 

El campo hay que tomárselo en serio concluye el autor de "El jardín de los delirios". "Está muy bien llevar a los niños el fin de semana a una granja a disfrutar de la gallina y sus pollitos, pero no debemos olvidar que para ser ecologista de verdad se necesitan políticas, acciones, hechos, no sólo quedarnos en la anécdota". Será porque el naturalismo no es sólo una ilusión ni un punto de partida para el delirio. 

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