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Lunes, 21 de Octubre de 2019

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La vida en 100 años

Narciso, Emilia, Concepción y Matilde suman 403 años. Javier del Pino y Juan José Millás se han sentado con ellos para conocer sus conclusiones después de toda una vida

“Con 20 años te agachas a atarte los cordones y cuando te levantas han pasado 50”, reflexiona Millás. “¡Quién los pillara!” Le responde Concepción.

Daniel Sousa / Cadena SER

Va pasando el tiempo y cuando quieres darte cuenta ya estás ahí, en los 100. Y, para celebrarlo, a Narciso y a Concepción les hicieron una fiesta de cumpleaños digna de la ocasión. A Narciso le sorprendieron sus 9 hijos, 22 nietos y 18 biznietos con una reunión de más de 100 personas… ¡Todos familia! Solo faltaba su mujer con la que estuvo casado más de 70 años. El secreto de una relación tan duradera, en su opinión, está en el sacrificio y saber librarse del egoísmo, porque “en las relaciones ahora solo hay egoísmo, quítate tú para ponerme yo”. Narciso no ha parado nunca. Ha sido un hombre inquieto, siempre buscando la forma de mejorar el pequeño negocio de jabones que llevaba con su hermano y que ahora es una gran empresa, Jabones Pardo “que exporta hasta a China”, dice con orgullo. Pero por el camino ha sido ganadero, agricultor, promotor, constructor y quesero.

Conchi Cejudo / Cadena SER

A Concepción le llenaron la casa de globos y le colocaron la corona que la convierte en la reina de la longevidad. Su casa, en la que vive sola con la atención permanente de Atenzia y de su familia, está llena de recuerdos. Me muestra orgullosa las fotos de su marido, de su hijo y de su nieto, tan guapos… Ha sobrevivido a los tres. También a sus dos hermanos. Y esa es la pena que tiene. “Mis nietos me dicen que tengo que vivir, que ser fuerte, pero yo me pregunto qué hago yo aquí. Son ellos los que deberían estar”. Concepción se quedó huérfana a los 4 años, la separaron de sus hermanos y se fue a vivir con una familia que la cuidó y para la que trabajaba cuidando el rebaño. “Siempre me acuerdo de una oveja a la que le lancé una piedra para que no se escapara con tan mala suerte que la herí en un ojo. ¡Cuánto lloré por esa oveja! Todas las noches pienso en ella”. Es una mujer valiente. Con 12 años se escapó a otro pueblo para cuidar niños y con 15 se fue a Coruña, quería ser peluquera pero conoció a su primer marido y lo dejó todo. Enviudó, pero con su segundo marido empezó la mejor etapa de su vida.

Daniel Sousa / Cadena SER

Emilia (101) tuvo una vida totalmente diferente. Adelantada a su tiempo siempre tuvo claro que se quedaría soltera, “lo pensaba con 13 años y lo cumplí”. Ella estudió. Hizo bachillerato y se presentó a unas oposiciones, las primeras en las que permitieron mujeres. Durante 30 años trabajó de secretaria de dirección, “yo no soñaba con ser bailarina, yo quería ser chica de oficina”. También le hubiera gustado ser poeta, le encanta la poesía, y cuando la visito en una de las residencias de Ballesol en la que vive, me recita unos versos que todavía guarda en la memoria. Le hubiera gustado tener hijos y un marido “guapo y bueno”, pero no ha podido ser. Y en realidad le da igual. “No entiendo por qué la gente dice que la mayor felicidad de la vida es tener hijos. Yo no tengo y he sido muy feliz y muy orgullosa de ser mujer. He viajado mucho y he tenido muchos amigos”. Solo le queda una que también vive en una residencia. Y sobrinos, muchos sobrinos.

Daniel Sousa / Cadena SER

Ninguno se hubiera imaginado llegar a esta edad. Bueno, ninguno no. Matilde (102) “pues qué quiere que le diga, con mi genio yo sí lo pensaba. Que los agarraría bien y vaya si los he agarrado”. No tuvo una vida fácil. Su familia era pobre y cuando murió su padre se quedó en casa cuidando a sus hermanos mientras su madre trabajaba. Vivían en Malasaña y recuerda cómo acudían a algunos programas de la Cadena SER, y cómo era la Gran Vía cuando ella era joven. La radio siempre estaba encendida en su casa y su madre prefería escuchar a Matilde, Perico y Periquín antes que atender a las visitas. Nunca le faltó de nada, con lo justo para vivir era suficiente. Pero sí hay algo que hiera deseado más que nada en la vida: ver a su hija crecer. Con 23 años murió de un cáncer, “y eso es lo más triste que te puede pasar en la vida”.

En esto coinciden los cuatro, en que el secreto de la felicidad es que la familia esté bien, que se lleven bien y que la gente te quiera, los amigos.

Cien años viendo la vida pasar, los inventos, los cambios políticos, la República, la guerra, la dictadura, la democracia, a tus hijos envejecer… La muerte es un tema que a esta edad siempre está ahí, aunque prefieren no pensar en ello. Matilde sí. Ella le pide a San Pedro que la deje pasar ya. Pero mientras tanto“¿Qué tal un whisky en vez de un vasito de agua?”. Y dentro de cinco años, repetimos.

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