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Todo vale por un puñado de votos

Pablo Morán reflexiona sobre los ataques de Pablo Casado a Pedro Sánchez, al que acusa de querer entregar un ministerio a Otegi o de preferir hablar con los que tienen las manos manchadas de sangre que con los que tienen las manos pintadas de blanco, por el apoyo de Bildu a los decretos del Gobierno

Esto ya no hay quien lo pare. Estamos a tres días del inicio oficial de la campaña electoral aunque en realidad llevamos semanas instalados en la carrera hacia las generales con la sensación de estar viviendo una de las precampañas más superficiales que se recuerdan.

No se debate sobre propuestas. No se contrastan ideas. Sino que se imponen los eslóganes, la polémica y el ataque personal como herramienta para desgastar al rival político. Sin límites, incluso recuperando a ETA como argumento, tal y como está haciendo Pablo Casado en su particular pulso con Vox por demostrar quién es más duro contra Pedro Sánchez.

Su última idea ha sido acusar a Pedro Sánchez de querer entregar un ministerio a Otegi o de preferir hablar con los que tienen las manos manchadas de sangre que con los que tienen las manos pintadas de blanco, por el apoyo de Bildu a los decretos del Gobierno.

Una estrategia arriesgada que no le funcionó a Mariano Rajoy cuando -recordarán- acusó a Zapatero de traicionar a los muertos y que difícilmente se puede sostener cuando uno de los pesos pesados del partido como es Javier Maroto defendía esto en 2011 cuando ocupaba la alcaldía de Vitoria.

Maroto en Televisión Española en 2011 cuando, a diferencia de hoy, ETA seguía activa como organización terrorista. Aunque esto hoy no parece importar en Génova cuando todo vale con tal de arañar un puñado de votos con un buen ataque al rival o un buen eslogan. Bienvenidos a la campaña de los eslóganes en la que los argumentos parecen perder peso.

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