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La gran casa de Bertín

El problema no es la casa de Bertín, el problema es que están queriendo convertir en casa de Bertín toda la política nacional

VÍDEO: ROBERTO CUADRADO

A la política le encanta engañarse con el mismo ridículo formalismo con el que anuncia que se cierra la precampaña y se abre la campaña, como si hubiera alguna diferencia, se empecina en perpetuar costumbres que ya no tiene sentido. Algunas son inofensivas como las pegadas de carteles, otras son de muy escasa utilidad como esos mítines para convencer a convencidos, pero otras tienen mayor importancia como prometer lo que se sabe que no se puede cumplir, o jurar por lo más sagrado que nunca se hará lo que se sabe que si interesa si se hará.

No debería consolarnos que eso también forma parte de la tradición, primero porque de ahí nace el descrédito de la política y segundo porque no tenemos tiempo para perder. Estamos en un momento muy delicado de España, en un momento delicadísimo de Europa y en un mundo en una formidable transformación disruptiva de modelos de vida que no hay ciudadano que no perciba. Todos sienten ese vértigo, todos se llenan de preguntas e inquietudes sobre lo que van a significar estos cambios en su vida, en su trabajo o en el futuro de sus hijos. Sin embargo nuestra política vive de espaldas a este tiempo histórico. Es insoportable la desproporción entre la magnitud de los desafíos que tenemos que afrontar en todos los campos y está olla podrida de pequeñeces grandilocuencias vacías y folklorismos de guardarropa con la que algunos están llenando la campaña electoral. El problema no es la casa de Bertín, el problema es que están queriendo convertir en casa de Bertín toda la política nacional y demasiado a menudo lo consiguen.

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