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Martes, 15 de Octubre de 2019

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Así es el mejor estreno español del año: "El humor no es una herramienta para emitir juicios"

Carlos Therón dirige 'Lo dejo cuando quiera', una comedia canalla, remake de una cinta italiana con guion de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor, que ha logrado en su primer fin de semana más de 1,5 millones de recaudación

Carlos Santos, David Verdaguer y Ernesto Sevilla son unos universitarios parados y precarios que se dan cuenta de que el único futuro para un intelectual en España es vender droga. Charlamos con todos ellos

La entrevista completa en vídeo / EDICIÓN: BEA POLO

El cine español ha estreno en el último trimestre más de una decena de comedias. Solo una de ellas, ‘Bajo el mismo techo’, ha superado los tres millones de euros y, en ese tiempo, la taquilla ha caído un 18% respecto al año anterior. Los creadores defienden que no hay fatiga en el género que más público congrega pero en la búsqueda de un éxito, no hay pócima mágica. “Siempre sucede esto, cuando algo de repente funciona, se trata de convertir en una fórmula, lo cual va en contra del propio proceso. Eso es un evento. Cuando sale un ‘Ocho apellidos vascos’, hace que la gente que no va al cine, vaya al cine. Eso no puedes ir a buscarlo, sucede o no sucede. Puedes intentar hacer las cosas lo mejor posible pero ir a repetir esa fórmula es imposible”, argumenta Carlos Therón.

El director ha conseguido el mejor estreno del año para una cinta española. En su primer fin de semana, se estima que ‘Lo dejo cuando quiera’ ha recaudado 1,5 millones de euros, superando a ‘Dolor y Gloria’ de Pedro Almodóvar. La película es una adaptación libre de un taquillazo italiano, ‘Smetto quando voglio’, que el dúo de guionistas formado por Adolfo Valor y Cristóbal Garrido ha desmontado para acomodarla a la idiosincrasia de nuestro país.  

Ágil, gamberra y macarra, deja el costumbrismo y los estereotipos para transitar por espacios más incómodos y irreverentes. La historia de tres amigos universitarios que la crisis les robó lo que le habían prometido y, ahora en los 40 instalados en la precariedad, encuentran en un laboratorio la fórmula para alcanzar el éxito, rápido y sin mucho trabajo, que más cuadra con el espíritu patrio. Convertidos en camellos de poca monta, venden pastillas y se embarcan en una aventura divertidísima en asociación con un trasunto de Pocholo. Therón imprime ritmo a unos diálogos afilados en una comedia canalla alejada del cuñadismo cañí.

¿Cómo es adaptar una comedia italiana y convertirla en una gamberrada cañí?

Cristóbal Garrido: Bueno, nos llamaron de Mediaset, nos propusieron la película italiana, la vimos y a partir de ahí, dijimos: cogemos esto y esto. Básicamente es la premisa, si ves la original, hay más protagonistas, tiene un tono más macarrita, más Guy Ritchie nocturno, y aquí lo que hemos hecho es hacerla también gamberra pero potenciar mucho más la comedia y llevarla a la idiosincrasia española. Hablar de figuras tan reconocibles como el profesorado asociado, la precariedad laboral, y a partir de ahí, intentar hacer mucha risa de eso con el mayor número de gags posibles.

Carlos Therón: En mi caso, los propios diálogos ya venían con la pátina de Garrido y Valor, pero siempre me obsesiona mucho el ritmo. Tratar de que todo funcione, no solo ya una cuestión de montaje -con Alberto De Toro, que es uno de los mejores montadores de este país-, sino que hay muchos planos largos y yo les tenía un poco fritos a los actores para que fueran más rápido, para que entraran al pie. De alguna manera, para que las secuencias funcionaran en sí mismas, con un ritmo que ya lo llevaban por encima de la media, más rápido de lo normal para transmitir esa especie de vértigo que les pasa a los personajes.  

¿Maltrata España el talento? Como guionistas tenéis que saber de esto…

Adolfo Valor: Nos tratan muy bien, nos dejan venir ya hasta los junket y todo. Sí que conocemos gente que no ha tenido la misma suerte, en el panorama audiovisual y en cualquier tipo de panorama. Todos mis amigos universitarios se las ven y se las desean para trabajar de lo suyo. Y en las generaciones de después, mi hermana que es más joven, ya ni te cuento. El reto es chungo

Carlos Therón: En todo caso, si hubo un momento de maltrato a los guionistas, ha pasado. Ahora están todos trabajando, esperemos que dure muchos años…

Cristóbal Garrido: No sabemos en qué condiciones

Adolfo Valor: Yo por si acaso arrasó con el catering, me llevo lo que puedo

Carlos Therón: Eso lo hacemos todos porque esto es cine español (risas) 

Con tantas comedias en cartelera, ¿se está arriesgando menos en cine que en televisión? ¿Hay búsqueda de la fórmula mágica para un taquillazo?

Cristóbal Garrido: Por suerte creo que nos ha tocado escribir y dirigir una comedia diferente, lo que es ya de agradecer. Tiene poco que ver con lo que se ha estrenado hasta ahora, es poco costumbrista, no es familiar, de catetos que van no sé dónde. Es una película que tiene un tono muy arriesgado, que es muy gamberra, que tiene mucho ritmo… Si nos dijeses a qué se parece esta comedia, creo que hay pocas comedias españolas que lleven este rollo. Espero que el público ahí detecte que no estamos repitiendo roles ni historias. Creo que aquí hay algo diferente y, por lo menos, es bastante fresca.

Carlos Therón: Siempre sucede esto, cuando algo de repente funciona, se trata de convertir en una fórmula, lo cual va en contra del propio proceso. Eso es un evento. Cuando sale un ‘Ocho apellidos vascos’, hace que la gente que no va al cine, vaya al cine. Eso no puedes ir a buscarlo, sucede o no sucede. Puedes intentar hacer las cosas lo mejor posible pero ir a repetir esa fórmula es imposible.

¿Son buenos tiempos para el humor? ¿O solo de boquilla y luego te censuran?

Adolfo Valor: Son los mejores tiempos para el humor, ahora más que nunca. Si no el ambiente sería irrespirable, cada día tienes que oír entre cinco y diez salvajadas. O te tiras por la venta o te ríes, nosotros hemos optado por reírnos, hay mucho material para hacer humor ahora.

Carlos Therón: Total, es un momento, como mínimo, para estudiar y reflexionar sobre ello. Yo mismo soy productor de un documental que se va emitir en Movistar sobre el humor en Twitter.

Adolfo Valor: Pues no me has llamado, y tengo humor y Twitter (risas)

Carlos Therón: Es una reflexión interesante, hemos visto todo lo que ha sucedido, y cómo se está tratando al humor, cómo se le está colocando en una posición que no debe estar. El humor no es una herramienta para emitir juicios, es humor, por eso se llama así. Es un momento delicado, donde está el lío, ahí nos metemos de cabeza

Cristóbal Garrido: Fíjate si es buen momento para el humor que, aunque te censuren un monólogo y te lo quiten, puedes seguir viéndolo. Aunque te censuren, es estupendo, porque te promocionan, el monólogo sigue estando ahí y los creadores y los monologuistas en concreto sus seguidores suben 10.000. Que sigan censurando, que les va muy bien

Adolfo Valor: Hay unos años de boom de la comedia que ha jugado a favor y a la vez en contra. Cuando está el debate de que la comedia está mal vista o que no nos dan premios, yo digo: no, no, no, que no nos hagan mucho caso. Si nos lo hacen, es peor. Que nos dejen trabajar y si no saben ni que existimos, mejor. Lo bueno es que se ría la gente, en cuanto te pones bajo el foco y empiezas a analizar la comedia, peligro porque alguien va a encontrar algo.

Algunos dicen que el cine no es cultura, ¿por qué nunca forma parte del debate público y electoral y solo es arma arrojadiza?

Carlos Therón: Es simplemente un síntoma de inmadurez de la sociedad. La sociedad española no ha madurado lo suficiente como para no utilizar el cine y la cultura como elemento arrojadizo. Eso significa que queda mucho, que tenemos mucho que aprender. Tenemos que llegar a un punto en que eso, que es identitario de todos y es transversal, no debería usarse como elemento arrojadizo. Todavía no hemos sido capaces de llegar hasta ahí.

Cristóbal Garrido: Pero es que además es un debate que no existe. A la gente, a la que paga la entrada, no le importa absolutamente nada todo esto del cine español. Cuando hay una película buena e interesante, van a verla y son tan taquilleras como el resto. Es un arma arrojadiza, que está muy bien en las altas esferas, pero que luego no cala en el público. El público encuentra unas películas, un género, unos actores y unos directores, no sé si guionistas también, que les interesan y van a ver la peli y les da igual lo que diga un partido o lo que diga otro, si hay subvenciones o no hay subvenciones, les da exactamente igual. Es un entretenimiento, también es cultura, pero no trasciende ese debate al público. Lo cual no significa que no estaría bien que lo hubiera, un debate sano y realista en las altas esferas, pero que sigan peleándose y nosotros haciendo nuestras cosas.

Adolfo Valor: Desde luego, nuestro trabajo es seguir haciéndolo y no entrar en estas ¿Quién es el que se descalifica, el que llama anormal a Javier Bardem, el primer actor español de la historia en ganar un Oscar? Se descalifica el que lo dice, no Javier Bardem, que todos sabemos que no es un anormal. Pues entonces ya está, nuestro trabajo es hacerlo lo mejor que podamos y el público vendrá, como ha venido siempre. No hay más tutía.

Un reparto en éxtasis 

Ernesto Sevilla, David Verdaguer y Carlos Santos son esos tres universitarios brillantes que hicieron todo lo que le dijeron para tener éxito pero la crisis les dio una buena bofetada y los instaló en la precariedad. Ahora, la generación de los 40, estos parados sobrecualificados buscan una salida, una revancha, y como en un 'Breaking Bad' cañí, encuentran en el tráfico de drogas una vía. En ese viaje les acompaña Miren Ibarguren, una abogada que trabaja en una gasolinera. 

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