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Jueves, 17 de Octubre de 2019

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Moderación versus sin complejos

VÍDEO: Pablo Palacios

Ahora que faltan apenas unas horas para el comienzo de la campaña electoral,les propongo tres cosas:

Primera, básica, fundamental, desear que incidentes como el de esta mañana en la Universidad Autónoma de Barcelona, con un intento de boicot a la candidata del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, no vuelvan a repetirse.

Segundo: pedir, o incluso exigir, el mayor número de debates posible entre los candidatos; porque es de pura salud democrática y porque es un derecho que tenemos, y debemos reclamar como potenciales votantes.

Y tercera cosa: les invito a hacer un poco de memoria, poniendo el foco en el que pienso que es el gran hecho diferencial de estas elecciones: la recomposición de la derecha. La reflexión no es mía, ¿eh?, la tomo prestada y dice lo siguiente. “En 1996, el año en que el partido popular liderado Aznar ganó a los socialistas por un mínimo margen de votos, la derecha quería ser de centro. No estaba de moda ser conservador. Menos aún purista, porque los puristas no levantan o no levantaban mayorías. Dos décadas después, la derecha que se presenta a las elecciones de este 2019 quiere ser…de derechas. Sin complejos ni sordina. ¿Por qué? Pues porque en esta campaña –y en estos tiempos- no está bien visto ser moderado, porque es un término que remite a blando”. Esta es la tesis con la que arranca un reportaje de análisis que va a publicar el próximo domingo “El País Semanal”. Y me temo que es una tesis bastante acertada; sobre todo si traducimos los conceptos. Si el sin complejos se entiende como licencia para insultar y descalificar a troche y moche, a todo lo que se mueva, yo creo que vamos mal. Y si la moderación se presenta como una flojera de principios y la antesala de la cobardía o la rendición, pues todavía peor. Yo creo es mi modesta opinión que este país necesita otro aire, otros modales, pero ahora la hegemonía social sí parece asociada al “a por ellos” (sean quienes sean ellos). Lo que falta ver es si esa aparente hegemonía se impone también en las urnas o se queda en el fragor de las tertulias y los mítines. Gran pregunta: ¿la España de verdad es como las tertulias y los mítines o no? El 28 de abril saldremos de dudas.

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