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Lunes, 20 de Enero de 2020

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La peor manera de romper el hielo

Nunca es una buena política ir por la vida chuleando de algo. Si vas provocando al destino, es probable que te de donde más duele. Pocos ejemplos hay mejores que el protagonista del día de hoy, un barco que todos conocéis bien: el Titanic

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Los propietarios del Titanic, la White Star Line, habían construido el barco para ser lo más lujoso que hubiese surcado nunca los mares. Según su propia propaganda, sus aposentos de segunda clase era tan lujosos como los de la primera clase de otros barcos. El buque tenía 4 ascensores, un inmenso salón comedor y una piscina. Pero lo que más destacaban sus propietarios, y por ahí viene lo de provocar al destino, es que el Titanic era imposible de hundir. El capitán del barco podía ir cerrando compartimentos del barco para evitar que el agua se extendiese, en el caso de que se perforara el casco.

Como todos sabemos, esto no solo no resultó del todo cierto, si no que además, para más inri, el Titanic se hundió en su primer viaje. La noche del 14 al 15 de abril y en un mar extremadamente plácido, un iceberg se cruzó en su camino. Había dos vigilantes en el puesto de vigía, pero por algún inexplicable error, no se les había dado prismáticos para hacer su trabajo. Cuando vieron el iceberg, ya era demasiado tarde: el piloto maniobró, pero la parte de estribor del barco se rasco contra el hielo. Los daños no eran recuperables, y el barco empezó a hundirse en las gélidas aguas. Más de 1500 murieron esa noche.

¿Mi consejo? No vayáis diciendo que tenéis una mandíbula irrompible.

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