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Viernes, 20 de Septiembre de 2019

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El cine mágico de Segundo de Chomón

Se cumplen 90 años de la muerte de uno de los pioneros del cine español, el más creativo e innovador de todos ellos.

No se entrega todos los años pero en los Goya hay un premio llamado Segundo de Chomón que se concede a las “mejoras tecnológicas en beneficio de la Cinematografía” y lleva ese nombre en recuerdo de uno de los padres del cine español, cuyas aportaciones en el campo de los efectos especiales le llevaron a ser comparado con George Méliès, el inventor del cine fantástico.

El aragonés Segundo de Chomón (1871-1929) fue una de las primeras personas en comprender el campo ilimitado para la imaginación que se abría con el cine. En sus películas las personas aparecían y desaparecían, los objetos se movían solos o se multiplicaban en una misma imagen. Pintaba las películas fotograma a fotograma para conseguir cine en color; usaba maquetas combinándolas astutamente con imágenes reales o transparencias que servían como fondos exóticos y fantásticos a los actores. También se le atribuye la invención del travelling o cámara en movimiento, técnica que creó de forma rudimentaria pero ingeniosa uniendo dos patines con una tabla sobre la que montaba su tomavistas. La mayoría de sus trucos se basaban en el llamado “paso de manivela”, técnica que él perfeccionó y que consistía en la filmación fotograma a fotograma, de tal forma que, en los intervalos, era posible la alteración de las posiciones o la desaparición de objetos y personajes ante la cámara.

Chomón comenzó su carrera montando un taller en Barcelona para el coloreado a mano de películas y la traducción de rótulos de filmes extranjeros. Su fama pronto se extendió y empezó a recibir encargos de varios países. Al mismo tiempo rodaba películas de todo tipo: cuentos como “Pulgarcito” (1903) o argumentos históricos como “El sitio de Zaragoza” (1906), aunque su mayor interés era investigar trucos. En 1905 rodó un “Eclipse de sol”, presentado como algo mágico, que dejó al público boquiabierto. Pero, sin duda, su película más famosa es “El hotel eléctrico” (1908) en la que un matrimonio llega a un hotel en el que el personal ha sido sustituido por la electricidad. Las maletas se trasladan solas a la habitación; la ropa se va colocando por si misma en el armario; un cepillo animado limpia las botas del señor mientras un peine arregla por su cuenta el cabello de la mujer. Y es que en eso, básicamente, consistía el trabajo de Chomón, en dibujar sueños y fantasías imposibles.

Chomón emigró a Francia contratado por la compañía Pathé para rodar “fantasmagorías”, nombre con el que por entonces se conocían a las películas fantásticas con profusión de seres sobrenaturales. Otra de sus especialidades era el género de viajes imaginarios: “Viaje a Júpiter”, “Viaje al fondo de la Tierra”, “Nuevo viaje a la Luna”… También trabajó en Italia donde fue contratado en calidad de operador de cámara y técnico de efectos especiales en muchas películas, destacando especialmente su labor en “Cabiria” (1914), la mayor superproducción histórica rodada hasta entonces. Con Abel Gance, uno de los grandes maestros del cine francés, colaboró en “Napoleón” (1927), en la que se encargó de los trucos fotográficos y de las maquetas. Suyo era, por ejemplo, el aplaudido efecto final en el que un águila se posaba sobre el mástil de la barca que llevaba a la familia de Napoleón hacia Córcega.

Segundo de Chomón murió en 1929 como consecuencia de una enfermedad contraída en Marruecos mientras ensayaba el uso del color en un documental. A sus espaldas quedaban centenares de películas que habrían de influir notablemente en la obra de muchos cineastas posteriores. También un puñado de invenciones técnicas que resultarían claves para el progreso del lenguaje cinematográfico.

 

 

 

 

 

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