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Jueves, 09 de Abril de 2020

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El dietario de Ramoneda

Y Sánchez se salió con la suya

Josep Ramoneda analiza los resultados de las elecciones celebradas ayer: la indiscutible victoria de Pedro Sánchez, el hundimiento del Partido Popular, las presiones para un pacto de gobierno entre PSOE y Ciudadanos, y la victoria de ERC en Cataluña

Y Sánchez se salió con la suya. Diez meses de gobierno le han servido como campaña electoral. Y la radicalización de la derecha ha despertado al electorado de izquierda. Ha sido el triunfo del voto útil del miedo. El griterío no da credibilidad, asusta. Y Sánchez ha ejercido un meritorio control del tiempo: primero, con una moción de censura que pilló a todo el mundo por sorpresa. Y demostró que Cataluña no era el único problema de España. Rajoy cayó por la corrupción. Después convocando elecciones cuando las luces del cambio todavía no se habían apagado. El triunfo de Sánchez es el final del poder de la vieja guardia del PSOE. Los que le defenestraron por negarse a apoyar la reelección de Rajoy, tienen hoy un motivo de meditación. Sobre aquella humillación ha construido Sánchez su victoria, al buscar en los militantes y en la calle el reconocimiento que le negaron sus colegas.

Los que no cesan, los que están convencidos de que mandan ellos insisten todavía en un gobierno PSOE-Ciudadanos. Ciudadanos no tiene el menor interés en gobernar con Sánchez. La estrategia de Albert Rivera va por otro camino. Su objetivo es conseguir el liderazgo de la derecha. No ha alcanzado el sorpasso, pero tiene al PP a punto de caramelo. Y una legislatura para llevárselo por delante. La izquierda le ha dado a Sánchez la confianza para abrir un tiempo nuevo. No le perdonarían sus votantes una claudicación.

El hundimiento del PP es histórico. Mal aconsejado por Aznar, Pablo Casado no ha dado la talla. La crisis del PP no ha hecho más que empezar y las elecciones de mayo no harán más que agravarla. Pero Casado no es el único responsable de la caída. El PP venía desmoronándose por la corrupción, por la apatía de Rajoy por la falta de proyecto político e ideológico, por las fugas hacia Vox y hacia Ciudadanos. Era un partido gastado e inseguro, incapaz en cinco años de afrontar políticamente la cuestión catalana, que Casado ha sido incapaz de reflotar. Vio en el independentismo la coartada para disimular su caída con la inflamación patriótica. Y ha sido inútil. Se amarró a Vox y así se acabó de arruinar. Negro futuro para el PP.

Día sí, otro también se anuncia su muerte, pero el independentismo sigue ahí. Y consigue su mejor resultado en unas elecciones generales: medio millón de votos más que en las anteriores. Es una manera de recordar que sin una vía política que encauce este problema, la estabilidad política en España es imposible. La novedad es que el voto útil contra la derecha en Cataluña ha ido a Esquerra y al PSC. Los electores han mandado un mensaje contra la estrategia de la tensión permanente, en la que Puigdemont tiene atrapados a los suyos.

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