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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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El 1 de mayo ya no es lo que era

Josep Ramoneda analiza el primero de mayo y el papel de la clase obrera en la fase actual del capitalismo, la situación en Venezuela y las negociaciones para formar gobierno

El eco de las elecciones también se ha dejado sentir sobre el primero de mayo. Con la consolidación del PSOE en el poder, la derogación de la reforma laboral del PP se ha convertido en la reivindicación estrella. Y estará en la mesa de Pedro Sánchez desde el primer día. Sin embargo, el 1 de mayo ya no es lo que era. No he visto hoy ninguna referencia a la Fiesta de los trabajadores en las portadas de la prensa escrita. Con el tiempo ha perdido el impacto que tenía: demostración de poder sindical en las sociedades democráticas; fastos de la manipulación de las masas en los países comunistas o incluso en el franquismo con la cursi exhibición folclórica del sindicalismo vertical. En el capitalismo industrial, la clase obrera era el sujeto portador de las luchas laborales y sobre ella construían los sindicatos su fuerza. En el nuevo capitalismo se han multiplicado los grupos sociales y generacionales con intereses diversos y, a veces, contradictorios, el poder sindical se ha diluido, las movilizaciones tienen muchas caras. Y, sin embargo, la cuestión laboral es nuclear en un momento en que, como describe la diputada alemana Gabi Zimmer, el empleo se flexibiliza y autonomiza de un modo que es aprovechado por las corporaciones para liquidar derechos básicos.

Guaidó, ¿héroe o irresponsable? Esta duda se propaga después de un nuevo asalto fallido. Cuesta entender una estrategia de batalla frontal si no se tienen los medios necesarios para garantizar el éxito, es decir, para desmontar la trama de dinero, poder y ejército del chavismo. ¿Con qué cuenta realmente Guaidó? ¿Cuántos intentos fallidos de derrocar a Maduro puede soportar con las fuerzas de las que dispone? ¿Tiene sentido anunciar golpes definitivos que resulta que no lo son? ¿Está seguro de que a Maduro no le quedan fuerzas para desencadenar una nueva represión? ¿O apuesta por la locura de una intervención americana?

Calma después del sobresalto electoral. Pedro Sánchez toma la iniciativa, sin prisas, a la espera de las elecciones del 26 de mayo, pero sin pausa. Y, conforme al mensaje de las urnas, apuesta por la distensión. De momento, convoca a Casado, a Rivera y a Iglesias para analizar la situación. El que quiera seguir en pie de guerra, se pondrá en evidencia.

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