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Miércoles, 21 de Agosto de 2019

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En el lado correcto de la Historia

Faltan muchos detalles por conocer de lo ocurrido ayer en Venezuela. A estas horas, la situación sigue siendo confusa, pero todo indica que el intento de alzamiento ha pinchado; mucho voluntarismo, pocos medios. Sorprende la temeridad y la chapuza organizadora. Guiadó debía esperar ayudas que no llegaron o que no llegaron todavía porque Guaidó insiste en que la insurrección ya no tiene marcha atrás.

El hecho es que ayer, cuando comenzaron los acontecimientos, estaban sobre el tablero y en marcha todos los elementos de una gran tragedia: situación económica desesperada, dos bandos enfrentados que se atribuyen la legitimidad, ambos con apoyo militar de mayor o menor entidad -luego se vio que con Guaidó estaban menos de lo que él creía, extremo clave no aclarado del todo-, población civil armada -recordemos que Maduro entregó el año pasado más de un millón de armas a las llamadas milicias patrióticas-, invocaciones movilizadores de grueso calibre: unos llamando a alzarse contra el usurpador, otros a ponerse en pie contra el golpe de Estado, salidas democráticas cegadas –pues todos apelan a unas elecciones que nadie sabe quién y cómo convocar- y en paralelo ardían las cancillerías en todo el mundo, en una contienda diplomática con posiciones enfrentadas, lo que le daba la gravedad y la dimensión del conflicto. Estados Unidos, Brasil, Colombia, con Guaidó y con su alzamiento, incondicionalmente. La Unión Europea, incluida España, con Guaidó pero no con su alzamiento. El Grupo de Lima, 14 países americanos que también apoyan a Guaidó, reunido de emergencia y a la espera. Rusia, China, Cuba y Turquía, con Maduro, contra lo que consideran agresión al orden constitucional. En fin, todos los alimentos, como digo, para la gran tragedia.

Veremos cómo evolucionan hoy los acontecimientos porque están convocadas manifestaciones que con la tensión existente podrían acabar mal. Guaidó llamó ayer a los venezolanos a ocupar la calle y colocarse, dijo, en el lado correcto de la historia. Sin embargo, aunque la razón le asista, ahora se trata de evitar que el desbordamiento del problema desemboque en una guerra civil, porque en una guerra civil todos terminan estando en el lado equivocado de la historia.

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