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Domingo, 17 de Noviembre de 2019

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¡Señor, qué cruz!

Lo que voy a contarles a continuación no sé si me da más pena o más rabia; seguramente un poco de todo. En cualquier caso me parece una prueba concluyente de cómo podemos –de cómo algunos pueden- cargarse la confianza y el prestigio de las instituciones. La Generalitat de Catalunya otorga unas distinciones, que son las Creus de Sant Jordi, a través de las cuales se premia a “personas o entidades que por sus méritos hayan prestado servicios destacados a Catalunya, en la defensa de su identidad; especialmente en el plano cívico y cultural”. Muy bien. Pues resulta que este año, además de otorgarle una de esas cruces de Sant Jordi a Leo Messi, que es el mejor futbolista de la historia, pero que está condenado por delitos fiscales; además de esto que, digamos… bueno, ya chirría un poco… resulta que en la lista aparece también la expresidenta del parlamento catalán, Nuria de Gispert. Esta mujer, que hoy milita en las filas del independentismo, lo cual no es pecado ni convierte a nadie en indeseable, pero que proviene de un partido democristiano que nada tenía que ver con la independencia, de Unió Democrática, lleva tiempo generando polémica con algunos tuits ofensivos hacia adversarios políticos. A Inés Arrimadas, la líder de ciudadanos en Catalunya, ya le aconsejó que volviera a su tierra natal, a Jerez, en un ejercicio de xenofobia que mereció un reproche general.

Pero es que ahora ha reincidido, con uno de esos montajes burdos, baratos, faltones… que tanto abundan en las redes. Ha relacionado el destino de algunos dirigentes del PP y de Ciudadanos, Dolors Monteserrat como eurodiputada a Bruselas, Enric Millo a la Junta de Andalucía, la propia Inés Arrimadas a la política en Madrid, Juan Carlos Girauta que se ha ido a vivir a Toledo… lo ha relacionado con el aumento de las exportaciones de cerdos. Y claro, bueno, el Partido Socialista ya ha pedido en el Parlament que le sea retirada la Creu de Sant Jordi. Pero la pregunta es obvia: esta mujer, ¿qué servicios le ha prestado a Catalunya, a su identidad? Ya se lo digo yo: enmierdarla, directamente. Manchar su imagen y que muchos catalanes nos sintamos avergonzados. Y la otra pregunta: ¿a quién carajo se le puede ocurrir premiarla? La respuesta, por desgracia, es demasiado obvia. Y por eso me da pena y me da rabia a partes iguales. Señor, ¡qué cruz!

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