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Miércoles, 23 de Octubre de 2019

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Nadie se acuerda de Europa

Josep Ramoneda analiza el poco espacio que ocupa Europa en las discusiones políticas de campaña, el futuro del PP de Casado y los últimos movimientos en Venezuela

En medio de la actual vorágine electoral, la cenicienta es Europa. Nadie se acordó de ella en la campaña del 28 de Abril y, de momento, nada hace pensar que adquiera mayor protagonismo en la recta hacia el 26 de mayo. Los partidos piensan en el poder contante y sonante de ayuntamientos y comunidades y Europa la ven muy lejos, aunque la mayoría de las ordenanzas que rigen nos vengan de allí. Y, sin embargo, junto a municipios y autonomías, votaremos el parlamento europeo, en un momento en el que el poder de la ultraderecha representa una seria amenaza. Desde las anteriores elecciones europeas han pasado cuatro cosas, que Gran Bretaña se va, aunque no acabe de dar el paso, que la extrema derecha ha crecido exponencialmente en la Unión y se apresta a dar un salto adelante, que la izquierda sigue menguando, hasta el punto de que el PSOE puede ser el primer partido del grupo socialista, y que la Unión no acaba de encontrar su papel en el mundo. En este contexto, una extrema derecha reforzada ha abandonado el sueño de imitar a los británicos y se apresta a ganar poder e incidencia en las instituciones europeas. Que el silencio provinciano de algunos partidos no despiste a los ciudadanos, Europa necesita sus votos. Y la izquierda europea despertar del letargo.

Pablo Casado da bandazos para sobrevivir en medio de la crisis del PP. De todos los malos augurios que se ciernen sobre un partido que lleva ya más de cinco años en la pendiente, quizás el más definitivo es el demográfico. Por debajo de los sesenta años su capacidad de seducción electoral cae vertiginosamente. Y como más baja la edad, menos votos tienen.

En una entrevista en La Vanguardia, Josep Maria Bricall recuerda un consejo del presidente Tarradellas: “Nunca entres en una pelea que puedes perder”. Bricall se refiere al independentismo catalán. Pero el consejo podría haber sido de utilidad para Juan Guaidó que, por osadía o porque le engañaron, entró en la confrontación con Maduro sin una evaluación acertada de las relaciones de fuerzas. Cuando un golpe de Estado no consigue inmediatamente su objetivo acostumbran a pasar una de estas dos cosas: o derrota del que lo impulsó o guerra civil.

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