La humildad no se cuenta

Madrid
La humildad no se cuenta, se vive, se expresa en silencio. Estamos acostumbrados a que la humildad se cuente por los que de sí mismos dicen que son sencillos, y no es una contradicción sino una grosería. Ocurre por ejemplo en el mundo de la Iglesia, cuyos curas e incluso papas hacen ostentación de la humildad como si fuera un trofeo, y en el de la política, donde líderes que a sí mismos se quieren mucho dicen quererse tanto que sin ellos sería imposible la gobernación de sus países. No son humildes, son arrogantes poseídos de su vana grandeza.




