'Los hermanos Sisters' redefine el western y la masculinidad
El director francés Jacques Audiard estrena un western personal con Joaquin Phoenix y John C. Reilly, la historia de dos pistoleros con sentimientos que le hizo ganar el premio a mejor director en el Festival de Venecia

Madrid
Hay quien piensa que el western es un género en decadencia, que ya vivió su esplendor en el siglo XX y no tiene cabida en el cine actual. 'Los hermanos Sisters' demuestra que el género clásico que mejor ha documentado el nacimiento de América también sabe evolucionar y reformularse. Y lo hace de la mano de un director francés, Jacques Audiard.
El realizador, experto en subvertir los códigos de los géneros, revisiona con su mirada de outsider una historia en la que la psicología de los personajes está por encima de la violencia. Él niega esa intención revisionista, dice que solo mira a las películas del oeste desde un punto de vista moderno y por eso, la despoja de la mitología americana.
El actor John C. Reilly y su mujer habían leído hace años la novela homónima, escrita por Patrick deWitt, y habían comprado los derechos. Enamorados del cine de Audiard, dicen que todo su filmografía es intachable, buscaron al director galo para crear este relato sobre los afectos masculinos. A Reilly le interesaba profundizar en las emociones de los hombres frente al típico macho alfa del western clásico. Él se reservó el papel de hermano mayor y convenció a Joaquin Phoenix para que lo acompañara en esta aventura.
Ambos son los hermanos Sisters, Charile y Eli, dos pistoleros a sueldo con las manos manchadas de sangre que no han conocido otra vida. En 1850, en plena fiebre el oro, emprenden un viajen de Oregón a California por encargo del Comodoro, el objetivo es asesinar a un químico que pretende revolucionar la búsqueda del metal más preciado. Alejados de la deshumanización clásica del matón a sueldo, ambos contraponen sus heridas.
Entre tiros y humor negro, la película es justo eso, un viaje emocional, una exploración de ese vínculo, esa fraternidad y ese trauma compartido de niños criados para matar. El hermano pequeño representa la ambición y la violencia mientras el mayor encarna la bondad, quiere dejarlo todo atrás, renunciar y buscar una nueva moralidad en un momento donde empiezan a surgir preguntas sobre el genocidio y los cimientos de una nueva civilización.
Dice Audiard que la violencia clásica no se percibe como tal por la empatía de los personajes, por ser como un cuento de niños. Y en esa relación, crea un western reflexivo que también redefine la masculinidad hegemónica, algo que él lleva reflejando años en su cine.
El realizador dota de más protagonismo que en el libro a otra pareja de personajes, al detective que interpreta Jake Gyllenhall y al químico soñador que da vida Riz Ahmed. Un reparto de lujo en una cinta de personajes donde todos tienen su momento para brillar. Tanto es así que Audiard también incorpora, en esa mirada europea, un debate entre la incipiente avaricia capitalista y una utopía socialista
Rodada entre España y Rumanía, el galo huye de los decorados americanos en busca de una imagen naturalista, donde el diálogo, las miradas y los afectos son más importantes que el paisaje y los muertos. En el pasado festival de Venecia, Audiard ganó el premio a mejor director y los Coen, el de mejor guión por 'La balada triste de Busters Scruggs', otro western moderno que confirma que el género está muy vivo.
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