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Martes, 12 de Noviembre de 2019

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Svetlana Ganuskina: "A Putin no le interesa ninguna ley. Se aleja más y más de organizaciones internacionales"

Hablamos con una defensora de los Derechos Humanos en Rusia que lleva décadas ayudando a migrantes y refugiados

La vida en Rusia no es fácil para los defensores de derechos humanos. Hace ya tiempo que Vladimir Putin los criminalizó como espías extranjeros independientemente de lo que hicieran o a quién atendieran. Es el caso de Svetlana Gannuskhina, una mujer que lleva tres décadas ayudando a refugiados e inmigrantes que llegan a Rusia.

Svetlana cree que Rusia no cumple en nada sus obligaciones con respecto a los refugiados, pero Europa tampoco. “Ahora está empeorando, he visto que en Alemania y en Francia, donde más trabajo con ellos, están repitiendo los errores de Rusia, y eso es muy triste”. Los observadores en Rusia, asegura, advierten ahora de que “es como una lucha entre lo justo y lo que dice la política de cada país, y desgraciadamente el ganador es la política, lo que es útil para ellos, no lo justo”.

La activista cree que a los políticos les conviene crear una sensación de miedo contra los refugiados porque “cuando la gente empieza a ver lo que no están haciendo bien ellos, tratan de desviar la atención a otros temas, y el refugiado es muy fácil”. Le preocupa el discurso político de que “nos invaden y estamos defendiendo a la población de esta gente”, porque está haciendo ganar peso a la ultraderecha.

Svetlana empezó a trabajar con refugiados internos de Rusia en los años 90, en pleno proceso de desintegración de la de la Unión Soviética. Entonces, cuenta, “había mucha gente de otras regiones de la antigua Unión que luego no se consideraban como ciudadanos de Rusia y no podrían registrarse oficialmente allí, entonces se veían como a extranjeros y no tenían donde ir. Se formaban organizaciones como el comité de asistencia civil y también el memorial que existía antes para investigar los crímenes de Stalin, y eso fue positivo porque empezaron a surgir ONG como estas, al principio como voluntarias, pero luego con estatus oficial. Pero esta gente de otras regiones de la Unión Soviética pasaba muchos años como si no existieran, porque no tenían su identidad republicana, y hasta 2002 no les reconocían tampoco como ciudadanos rusos, quedaban como en un limbo y todavía hay gente en esa situación, sin papeles, que aún no ha podido solucionar su estatus”.

Vladimir Putin es visto en Rusia con mucha diferencia de opiniones, asegura Svetlana. “Hay gente que lo ve como un símbolo de crecimiento de Rusia, pero temo cuando los países dicen que son grandes porque eso significa que el gobierno no se ocupa de los problemas verdaderos de su de su gente. La gente de mi entorno lo ve de otra manera, lo ven como un regreso a lo que había antes, y una prueba de eso es que a veces ves en instituciones retratos de Stalin al lado de Putin en la pared”, cuenta. Y cree que a Putin “no le interesa demasiado la ley, ninguna ley, y sobre todo ley internacional. Eso es peligroso porque Rusia se está alejando del Consejo Europeo y de organizaciones internacionales, se está aislando”.

Pero la activista no cree que el problema resida solo en la figura de Putin, sino en lo que representa, en el sistema, y piensa que “realmente Putin no es tan fuerte, es muy inseguro, tiene miedo y por eso debe difundir esta imagen”. Svetlana explica que dentro del país lo que más se critica es la falta de satisfacción. “Putin confunde la fuerza con la violación”, denuncia, “y lo que ha pasado en Chechenia, en Ucrania, la anexión de Crimea, son hechos horríficos que dan vergüenza y que va a ser muy difícil arreglar durante años”. Ahora, recuerda, “hay un gran número de presos políticos que no había hace desde hace mucho”. La organización Memorial tiene un listado de presos políticos en el que ya hay cien personas.

Rusia, según organizaciones como Amnistía Internacional o Human Right Watch, es uno de los agujeros oscuros del mundo respecto a los derechos humanos. Svetlana, sin embargo, dice no tener miedo a seguir trabajando por los derechos humanos, aunque reconoce que hay gente que sí lo tiene. Ella estaba incluso en una lista de gente a fusilar, asegura, pero como no la han fusilado, no tiene miedo.

Recuerda, de todos modos, la historia de otros compañeros del Cáucaso o Chechenia que están en peligro, como un hombre musulmán al que han acusado falsamente de tráfico de drogas y espera una sentencia sabiendo que le van a condenar siendo inocente. También se han dado casos en los que han quemado coches y matado personas, periodistas.

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